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Hubo una época, no demasiado lejana, en la que los colchones eran de lana, con
una funda, generalmente rojiblanca (de ahí el apodo de los Atléticos). Con el
paso del tiempo la lana se iba aplastando y apelmazando y el colchón reducía su
volumen y su comodidad, por lo que periódicamente aparecía por casa un señor, el
colchonero, provisto de un palo de forma un tanto extraña, de madera
generalmente de acebuche o de sabina, que se llevaba los colchones de la casa a
la azotea, los descosía, vareaba la lana, la volvía a introducir en la funda y
cosía ésta de una forma peculiar, tanto que ha dado su nombre, sutura de
colchonero, a una técnica quirúrgica. ¡Qué gozada era acostarse esa noche en el
colchón recién vareado! era como dormir en una nube, ningún colchón moderno
proporciona ese placer.
Mira por donde ese oficio desaparecido ha renacido con la crisis y vuelve a ser
algo básico no en nuestros hogares, sino en nuestros sistemas financiero y
fiscal.
En efecto, nuestros Bancos, lo que queda del que era "el
mejor sistema financiero del mundo" (Zapatero dixit), y nuestro depauperado
Tesoro, dedican más tiempo a ejercer de colchoneros que a fabricar lana.
En los Bancos, la crisis, el paro, la/s burbuja/s de turno y/o todo a la vez ha
hecho que su cartera de préstamos se haya ido "apelmazando" provocando serias
incomodidades a los prestatarios, pero no pasa nada, se llama al colchonero y se
varea la lana ¿cómo? Estableciendo un período de carencia, concediendo un
préstamo suplementario para pagar los intereses durante esa carencia, otorgando
un alargamiento de plazo, en definitiva, lo que sea con tal de que quede la
operación perfectamente mullida y el cliente no se caiga de la cama.
En cuanto al Tesoro, la cosa es peor porque nuestros dirigentes llegaron a tener
el pleno convencimiento de que, por pertenecer al superexclusivo club de la
eurozona, "la champions league de la Economía" en otra brillante frase del
mismo personaje antecitado, nuestra Deuda se nominaba en euros, la más fuerte
divisa de todos los tiempos, y eso, por definición, nos otorgaba un rating de
triple A y, por tanto, no había que molestarse en amortizarla, bastaba con
renovarla y/o incrementarla perpetuamente puesto que los Mercados nos querían
tanto que siempre habría bofetadas por suscribir nuestras emisiones.
Y mira por donde eso no era verdad, habíamos olvidado que la pertenencia a un
club no implica la igualación de sus socios, simplemente es un hecho que presume
más o menos la amistad entre ellos, y el Club del Euro no era diferente. El euro
es sólo el carnet de socio, que se da a todos, pero las consumiciones en el club
social las paga cada cual con su fortuna y, si algún socio deja una cuenta
pendiente, se le expulsa y a otra cosa, y eso se hace con mayor inquina que en
cualquier local no social, porque el dejar facturas impagadas en un club al que
se pertenece tiene el agravante de abuso de confianza y/o la presunción de que
uno se ha hecho socio precisamente para consumir gratis. Y así nos vemos ahora,
mal atendidos en un rincón de la barra, en compañía de otros socios igualmente
pobres, mientras los ricos están en la mejor mesa del salón recibiendo las
sonrisas del maître.
Pero, en el fondo, tampoco pasa nada, es tanto el volumen de facturas
pendientes, éramos tantos los morosos, que si no pagamos se cierra el Club, o
sea que el Cajero también se ve obligado a actuar como colchonero para construir
un camino blando para salir del hoyo, aunque aquí las cosas no son tan sencillas
puesto que ese cajero ha recibido instrucciones del Presidente del club de que
no renegocie las facturas de los clientes/socios. Lo que hace entonces, en un
ejemplo de cinismo insuperable, es prestar dinero barato a sus camareros para
que sean éstos quienes negocien directamente con los morosos, y, de paso, se
forren en esa negociación. Traducido al castellano: el BCE presta a los Bancos
europeos dinero barato para que sean éstos los que compren la Deuda Pública.
Así, el Cajero no hace de colchonero, quedaría muy feo, sino que subcontrata el
trabajo, salva la cara y todos contentos.
¿Qué consecuencias tiene este proceso? Muy sencillo, que el Sector Financiero de
nuestra economía ha desaparecido porque
“está en lo suyo”, dedicándose, por una parte, a varear la lana de su propia
cartera de activos más o menos tóxicos, sin más ánimo de lucro que el derivado
del freno a la morosidad, y, por otra, a varear la lana del colchón público,
obteniendo, aquí sí, una rentabilidad excelente y muy cómoda porque para ese
proceso basta con tener un colchonero al teléfono. Mientras tanto el Tesoro
soporta el vareo bancario de su lana, y va tirando así mientras espera poder
controlar el crecimiento de su Deuda con planes de austeridad presupuestaria,
único recurso que le queda al carecer de soberanía monetaria.
Pero ese impasse es altamente nocivo. El Sistema Financiero es un curioso
ejemplo de circuito cerrado con un flujo de fondos de los ahorradores a los
Bancos y otro flujo de los Bancos a sus prestatarios, en el que ese segundo
flujo es mayor que el primero porque el sistema bancario crea dinero. En efecto,
si una persona, A, ingresa 100 € de su sueldo en el Banco, el Banco podrá
prestar por lo menos 50 € a otra persona, B, por tanto, teníamos una persona, A,
con 100 € y ahora tenemos dos personas que tienen en su poder 150 €. Cuando se
cierra el grifo del crédito el proceso es el inverso, disminuye el dinero en
circulación y se genera un proceso de empobrecimiento colectivo.
Bien, hasta aquí el placer de todo economista, contar lo que pasa, demos un
pasito más y veamos si el embrollo tiene solución.
Son dos los problemas que han generado la crisis en España, la morosidad
bancaria y la excesiva Deuda Pública, si no se resuelven los dos nunca saldremos
del pozo, además su solución debe ser coordinada, empezando por la crisis de
Deuda, porque el Estado, cuando necesita dinero, se comporta como un pasajero
maleducado, que es capaz de expulsar del autobús a los demás a empujones con tal
de ocupar su plaza, es lo que en Teoría Económica, para parecer culto y que no
se entere nadie, se conoce como "crowding
out", que quiere decir que mientras el Estado necesite dinero para
financiarse ya podemos olvidarnos sus súbditos de conseguirlo.
Y resulta que de los dos problemas, el de la Deuda, es el más fácil de resolver,
sencillamente porque no tiene solución y eso es algo perfectamente asumido.
Me explicaré: La Deuda Pública no se
paga nunca. La Deuda, a diferencia de la materia, se crea, pero como
ella no se destruye, simplemente se transforma ¿sorprendido? pues busque un país
que alguna vez en la historia la haya pagado. Por ejemplo la Deuda emitida por
Estados Unidos para financiar el déficit ocasionado por la segunda guerra
mundial sigue viva, lo que pasa es que aquella suma, entonces tan ingente, es
ahora muy pequeña dentro de la masa total de Deuda en circulación, cosas de la
inflación que alguna ventaja tenía que tener. Pero el proceso de transformación
de la Deuda, que como vemos es inherente a su existencia, exige, para ser
exitoso, una apariencia de solvencia en el emisor. Es un fenómeno parecido al de
los depósitos bancarios, todos sabemos que ningún Banco sería capaz de devolver
de golpe el dinero a todos sus depositantes, pero, mientras ese Banco parezca
ser solvente, no se producirá esa masiva retirada de depósitos.
Entonces ¿por qué las prisas? Porque nos hemos pasado, porque tenemos demasiada
Deuda en circulación para nuestras cifras de déficit público, PIB, paro,
inflación, etc. y eso sólo se soluciona mejorando todas esas magnitudes, o, por
lo menos, demostrando que al frente del tinglado hay alguien que está seriamente
preocupado, busca soluciones y detrás tiene una sociedad que está de acuerdo.
Por el contrario, un par de huelgas generales y cerramos el kiosco.
Establecidas las bases de saneamiento se podrá acceder, si fuera preciso, a la
utilización de fondos de rescate, digo si lo fuera, porque quizás no lo sea, y
baste sólo con el inicio del proceso de ajuste para reducir la prima de riesgo y
acceder a financiar la Deuda de verdad en el mercado internacional y no drenando
a nuestro sistema bancario de la liquidez necesaria para nuestra empresas.
O sea, tres tareas: Plan de ajuste, convencer a los Mercados y hacer lo propio
con los españoles, que, de momento, creen que se les piden más sacrificios a
ellos que a sus Instituciones. Quizás, para lograr la adhesión doméstica, sin la
cual es imposible conseguir la de los Mercados, vendría bien alguna medida
demagógica, por ejemplo pasar al régimen general de la Seguridad Social todas
las pensiones de cargos políticos, con eliminación de los privilegios actuales,
suprimir totalmente las exenciones fiscales a Partidos Políticos, Patronal y
Sindicatos, por ese orden, y luego sus subvenciones por el mismo camino, y
preguntar por referéndum a los españoles si convenía modificar la Constitución,
por ejemplo suprimiendo el Senado y modificando todo su título VIII, o ya, en
plan absolutamente utópico revolucionario ¿Estarían dispuestos nuestros
representantes políticos a aprobar una ley que, primero, diera publicidad a las
deudas en mora con la Banca de todas las Instituciones y Empresas públicas,
incluyendo Partidos, Sindicatos y Patronal, y que, en segundo lugar, exigiera a
los Bancos para poder ejecutar a cualquier ciudadano o empresa en mora, que
previamente hubiera entablado idéntico procedimiento contra todos ellos? No lo
verán nuestros ojos, pero es una pena.
Una pena porque la unidad europea es un tren que no volverá a pasar por aquí si
nos bajamos y que nunca volverá a salir si lo descarrilamos, cosa fácil, porque
ya puestos a hacer el burro, los países europobres sí tenemos fuerza suficiente
para cargarnos el euro y hundir incluso a las economías boyantes de la eurozona,
que lo son porque nos venden a nosotros.
El proceso europeo, si no descarrila, acabará más pronto que tarde en la emisión
de eurobonos exigiendo seriedad a los países emisores, pero los pobres tenemos
que convencer a los ricos que los descarrilamientos de un tren se producen no
sólo por rotura de vías sino también por exceso de velocidad, por tanto hay que
controlar las dos cosas, y si a nosotros nos exigen pavimentar nuestra vía,
estamos en todo el derecho de exigir frenazo financiero a los países que van
rápido. No caben colonialismos en Europa, y la prima de riesgo es justamente
eso, un medidor de grado de colonialismo financiero.
Y todo esto ha de hacerse ya, de manera inmediata, no podemos esperar porque es
ese Sector Público ineficiente el que absorbe los recursos que necesita el
Privado, que, mira por donde, es el único que crea empleo y genera riqueza.
Sigamos con la utopía: Es seguro, y si no que dimitan esta tarde, que en nuestro
Ministerio de Economía hay redactado un protocolo minucioso de qué hacer si
desaparece el euro de repente, cosa que puede pasar cualquier fin de semana de
éstos. Pues bien, visto ese plan, no estaría de más hablar discretamente con
Italia, que debe tener el suyo, y armonizar los dos para poder decir a Francia y
Alemania un viernes por la tarde que, o eurobonos el lunes o que muchas gracias,
que lo hemos pasado muy bien y que nos vamos. Mejor pobres de repente que
miserables poco a poco.
En resumen, el ajuste debe demostrar austeridad y equilibrio presupuestario para
conseguir financiación exterior, sin ésta, vía eurobonos o mediante la
utilización de fondos de rescate, no sirven para nada los ajustes, absolutamente
para nada, es más, una reducción de gasto público como la prevista, tan grande y
tan rápida, si se consigue, será a costa de frenar el crecimiento, lo que
originará nuevo déficit.
Supongamos que se consigue la financiación, ya tenemos liberado a nuestro
Sistema Financiero de su obligación de suscribir títulos del Tesoro, el
maleducado ya no está en el autobús, menudo compromiso le hemos buscado a la
banca, se le ha acabado la fácil forma de operar tomando dinero del BCE al 1%
para suscribir Deuda al 4% y, por tanto, deberá asumir algún riesgo si quiere
obtener beneficios, y seguro que quiere obtenerlos, está en su ADN, un banquero
nunca es un filántropo, un Banco debe ganar dinero, es su obligación, porque, si
pierde, no sólo pierde el dinero, puede perder su propia existencia. La
desaparición de esa obligación (?) de ayudar al Sector Público debería liberar
recursos para el Privado, aunque seguro que por sí sola no demasiados, los
Bancos están destinando sus recursos a resolver sus propios problemas, no hay
dinero, ni siquiera caro, para proyectos de empresarios y particulares pero
abunda, y barato, para comprar los activos inmobiliarios que los Bancos han
debido adjudicarse o creen que acabarán adjudicándose.
Para volver a ver crecer el flujo crediticio hay que resolver el auténtico
problema de nuestra banca, el ladrillo, el conjunto de inversiones con respaldo
inmobiliario que aparecen hoy como fallidas o muy dudosas, tanto de promotores
como de particulares o empresas.
Para enfrentarnos a ese problema sentemos una primera premisa:
Toda inversión inmobiliaria es
altamente rentable si se prescinde del coste financiero de su mantenimiento,
a contrario sensu, es muy difícil rentabilizar una inversión inmobiliaria
financiada con capitales ajenos ¿estamos de acuerdo? Sí, ¿verdad? Pues sigamos.
Habría que estimar cuántos de los titulares morosos de los inmuebles que suponen
tanto dolor de cabeza a los Bancos podrían atender el pago de bajos intereses en
período de carencia si se viesen liberados de la obligación de amortizar
principal y, visto el actual vareo colchonero, podemos estimar que quizás nos
encontrásemos ante un porcentaje mayoritario. Bien, ya puestos a varear, vamos a
varear en serio, ofrezcamos a todo deudor hipotecario la posibilidad de
contratar, los nuevos clientes, o de novar, en el caso de los antiguos, su
hipoteca a cincuenta o más años, con posibilidad de amortizaciones parciales y,
si no se produjeren, con amortización íntegra al vencimiento, es decir cincuenta
años de carencia en los que sólo pagaría intereses a tipo BCE, es decir al tipo
al que el Banco obtendría fondos del BCE, más un punto, o sea, hoy por hoy al
2%. A lo mejor, de un plumazo, habíamos acabado con la mora y liberado una
ingente cantidad de recursos hoy destinados a provisiones. Pero, además, podrían
los Bancos recuperar del mercado toda su inversión titulizando esa cartera de
créditos, que ya no serían dudosos.
¿Dónde estaría el negocio para los Bancos? En los intereses, que no siempre
tendrían que ser bajos y en el establecimiento de unas altas comisiones de
cancelación, anticipada o no, liquidable a modo del actual impuesto municipal
sobre la plusvalía de fincas urbanas, que permitiera al Banco cobrar un
porcentaje del incremento de valor de los inmuebles por él financiados cada vez
que se transmitieran o cuando se cancelara total o parcialmente la deuda
hipotecaria.
Sería una revolución del mercado inmobiliario español, de repente la frase tan
repetida de que “mi casa es en realidad
del Banco” sería un poco más cierta, a lo mejor la solución la teníamos en
la Pérfida Albión y no nos habíamos dado cuenta.
En Londres es muy raro comprar una casa, como residuo feudal de tiempos en que
los bienes raíces eran propiedad de la Corona o de los Señores, ahora, sus
propietarios los venden en un falso leasing a 99 años, falso leasing porque, en
realidad es una compraventa con pacto de retro a vencimiento, es decir, volverá
automáticamente a propiedad del antiguo dueño a los 99 años, pudiendo en medio
cambiar de mano cuantas veces se quiera, sólo que el comprador sabe que a su
“leasing” le quedan x años. Lógicamente el precio varía en función de ese tiempo
que resta. El invento funciona perfectamente. Pues bien, aquí sería igual de
fácil cogerle el tranquillo a una compraventa de una casa que tiene una hipoteca
de tanto dinero a tanto tiempo y cuya liberación cuesta tanto de comisión al
Banco. En realidad son muy pocas las personas que viven 50 años en la misma
casa, el mercado inmobiliario sería más ágil y seguro más barato, tanto en venta
como en alquiler.
Un producto como éste, que nunca sería obligatorio, sino que conviviría con los
productos hipotecarios y crediticios normales, obligaría a un cambio de
normativa en el Banco de España, no muy difícil de redactar, y a un nuevo
sistema de estudio del riesgo por la banca. Hay que analizar sólo la solvencia
del cliente para poder pagar los intereses y la previsible evolución urbanística
de la zona, de forma que el mayor problema que pudiera encontrarse el banco
sería el de quedarse hoy con un piso en la Gran Vía al precio de 1962.
Seguro que existirán soluciones mucho mejores que las expuestas, pero, por
favor, que quien las tenga las cuente pronto, porque por el camino que vamos no
llegaremos a ningún sitio, en el mundo actual no cabe el oficio de colchonero ni
tampoco tienen futuro sus imitadores.
Yo recuerdo que el placer de dormir en un colchón recién vareado disminuía cada
noche y, al cabo del tiempo, era necesario volver a llamar al colchonero.
Además, cada vez, era necesario llamarlo antes, porque la lana tendía a
apelmazarse cada vez más rápido y, al final, era necesario comprar otro colchón.
Lo mismo pasa aquí, podremos varear una temporada, pero, si no compramos lana
nueva, acabaremos durmiendo en el suelo. Si el Sistema Financiero no empieza a
inyectar crédito nuevo a particulares y empresas ya podemos ir pensando en echar
el cierre.
Joaquín Osuna Costa
Agente de Cambio y Bolsa
Notario
Abril de 2012
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