Político incompetente.

Admin, 17/07/2015

 

EL PROBLEMA DEL POLíTICO NO ES LO QUE COBRA SINO EL DAÑO QUE HACE A LA SOCIEDAD CUANDO ES UN INCOMPETENTE

DANIEL IBORRA FORT

 

Creo que la base de nuestros problemas con la política está en que no hacemos servir en ella los principios y las prevenciones que utilizamos para proteger nuestros intereses en la vida privada

Si, por ejemplo, en una cena de amigos y a la vista que estamos a punto de comprar un nuevo coche nos pregunta uno de ellos cual hemos escogido y contestamos que finalmente nos hemos decidido por una marca y para justificar esta elección, que todo el mundo considera equivocada por la calidad mayor de otros vehículos con el mismo precio, les decimos que hemos tomado esta decisión por el carisma del presidente de la compañía.

O si, para construir una casa, nos decidimos por el constructor más simpático o que nos cae mejor, dejamos a su albedrío el coste de la obra, no nos preocupamos de los materiales ni de su realización y dejamos en sus manos el plazo de ejecución, no sólo nos arriesgamos a pagar una cantidad desproporcionada, recibir una construcción con todo tipo de deficiencias y en un plazo desmesurado sino a convertirnos, seguramente y como en el primer caso, en el hazmerreír del pueblo.

Uno de los principios fundamentales indiscutidos los últimos años, es el del protagonismo del gestor político en la economía.

Si recordamos, hubo un compromiso generalizado hacia la potenciación de la intervención del Estado en todos los sectores y estadísticamente se puede comprobar con la extensión del control de cuotas, cada vez mayores, de la producción y la renta nacional especialmente desde la década de los setenta.

En la actualidad es uno de tantos principios de organización económica que están cuestionados.

 Yo he llegado a la conclusión que estaba asentado en un presupuesto que se ha demostrado falso, el que la gente se hace inteligente cuando entra en la política.

Hace unos años, ante un problema económico grave en un sector o en una gran empresa, se producía un inmediato consenso entre nuestras fuerzas sindicales, políticas y sociales: el Estado debe intervenir porque es el único que puede solucionar tan deplorable situación económica.

Cuando, desde fuera principalmente, se decidía privatizar empresas o sectores, buscando una gestión más eficaz, una oleada de críticas interiores recaía ante semejante herejía.

Transcurrido el periodo adolescente, empecé a darme cuenta que el Estado no funcionaba automáticamente dirigido por un cerebro superior, sino que lo gestionaban personas de carne y hueso

En ese momento, me preocupé por una posibilidad. ¿Qué pasaría si para dirigir una institución pública nombran a un incompetente? ¿Consigue mejorar su nombramiento su capacidad técnica?

Era una pregunta que era un poco irracional y fuera de contexto, pero que tenía su justificación.

Si los políticos eran como los demás mortales y no se producía esta transformación personal la calidad de la gestión acabaría determinada por el procedimiento de selección personal en el destino encomendado.

A nadie le dan un puesto de relevancia y responsabilidad en el mundo privado sin estudiar su preparación, su experiencia, su inteligencia y hasta su madurez.

Así que pensé que, sólo una selección profesional mucho mas rigurosa que en el sector privado y con un régimen de incentivación y de responsabilidad adecuado, justificaría el principio de superioridad de la iniciativa pública.

Porque, claro, si anteriormente no había regentado bien un negocio o una actividad profesional particular, normalmente más sencilla en conocimientos, que conocía de toda la vida, con pocos trabajadores y escaso volumen económico. ¿Por qué tenía que llevar mejor una empresa desconocida hasta el nombramiento, en la que no se juega el patrimonio familiar sino el ajeno, en el que se carece de todo tipo de responsabilidad ante los resultados y las deudas y con una facturación y con una plantilla infinitamente superiores?

El principio de la superioridad de la intervención pública en la economía o se asienta en una justificación racional o deriva al terreno de la ilusión.

La última muestra la hemos tenido en la ruina que provocó la gestión política de las Cajas centenarias que, hasta ese momento, habían conseguido superar todo tipo de guerras y de crisis económicas, sociales y políticas, a la que nos referimos en nuestro libro publicado el 12 de junio pasado sobre si este 2.015 continuaremos saliendo de la gran crisis o volveremos a ella, esta vez de una manera definitiva.

El que los nuevos políticos que intentan hacerse un hueco entre la clase dirigente hayan incluido, entre sus propuestas para salir de la crisis financiera, la de recoger el testigo de los anteriores en la dirección de entidades de crédito, cuando parece evidente que cada vez están accediendo gente más incompetente y con menos experiencia en gestión, es otra muestra de que buena parte de la sociedad y de nuestros medios no han aprendido nada del origen de los actuales problemas económicos y sociales.

Así pues, cuando todavía veo que se debate, aunque sin tanta tensión y con mas equilibrio que antaño, la participación del Estado en la economía y la nacionalización o la privatización de empresas y servicios o se me convence de la preeminencia del procedimiento de selección e incentivación del sector público sobre el privado o es una discusión entre los que creen que la política hace inteligente a la gente y los que son mas escépticos ante este principio hasta hace poco tan incuestionado.

 

DANIEL IBORRA FORT.

Vilafranca del Penedès, 6 de julio de 2.015

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