Gasto público y corrupción: ¿Ha habido mejora?

Admin, 14/05/2017

  GASTO PÚBLICO Y CORRUPCIÓN ¿NUESTRO SISTEMA DEMOCRÁTICO HA AVANZADO EN CALIDAD LOS ÚLTIMOS 25 AÑOS?

Daniel Iborra Fort,

Notario de Vilafranca del Penedès

 

Aunque parezca un poco extraño a quienes confían, todavía, en la fiabilidad de nuestros medios de información en relación a sus denuncias de corrupción en este país, según los Índice de percepción y control de la corrupción, España ha mejorado los últimos años (en un artículo anterior en NYR ya demostramos el carácter selectivo de la denuncia de la corrupción de los medios).

Si repasamos los países incluidos en la relación comprobaremos que no todos los países con democracia están agrupados en los primeros lugares.

 Si uno quiere comprobar la mejoría no tiene más que preguntárselo a los proveedores del sector público sobre si es o no más fácil hacer negocios con las instituciones públicas que hace 25 años. Lo que no se me ocurriría es preguntárselo a “los medios” ya que, buena parte de ellos, ha tenido en relación a la corrupción más indolencia y complicidad que denuncia, tal vez porque “el sistema” anterior no les iba tan mal.

El artículo “UNA MANERA RÁPIDA DE ELIMINAR EL DÉFICIT PÚBLICO: REDUCIR LOS GASTOS ELECTORALES” lo redacté el 14 de diciembre de 1993, en un momento en la que la sociedad no supo utilizar las convulsiones de aquella época para mejorar la eficiencia de nuestro sistema democrático. Los actuales defectos en la gestión pública tal vez tengan que ver con anteriores fallos de control y de elección de los ciudadanos. De ahí que, como comentamos anteriormente, un pueblo que es incapaz de seleccionar, controlar y corregir a sus dirigentes públicos no merece quejarse de los resultados negativos de su gestión.

“Parece que, por fin, se está generalizando entre los ciudadanos, la opinión de que hay que reducir los gastos electorales. Este estado de ánimo ha trascendido de la sociedad a los centros directivos de los partidos políticos, con lo que se puede hablar de que existe actualmente un consenso para resolver el tema.

Pero, creo, que se está centrando la atención en la parte más marginal del llamado gasto electoral.

Lo más habitual es que se discuta el montante del costo de la publicidad en vallas y en correspondencia y los gastos de los actos políticos del último mes de la campaña electoral, pero se olvidan los acumulados en todo el período legislativo anterior.

¿Cual es el montante verdadero de los gastos electorales en España?

Tendremos que sumar todos los gastos que exceden de lo que llamaríamos una gestión prudente del Estado y que van dirigidos a consolidar y ampliar la cuota del mercado de votos de la opción política que administra los fondos públicos.

Por lo tanto, hay que incluir los gastos dedicados al control de la educación, la cultura y la información en beneficio de la clase política dirigente. El coste económico del control de estos sectores que sirve para dirigir la sensibilidad de los ciudadanos introduciendo un mensaje continuo en el cuerpo social, que propiciará la decantación de los futuros votantes a la filosofía del partido en el poder y en paralelo el rechazo de las otras opciones políticas competitivas.

Los fondos destinados a financiar los déficits de las televisiones públicas pero, también, los destinados a las televisiones y medios de información privados en cuanto sean discriminatorias, a través de la llamada publicidad institucional, compras oficiales para instituciones y organismos públicos o con ayudas a la renovación tecnológica, por ejemplo, que sirven para mediatizar e influir en la dirección intelectual de estos medios de comunicación, privándoles de independencia y convirtiéndoles en eficaces instrumentos de publicidad política. La dirección de la información es fundamental para el control de las mentes y, por eso, las batallas más crueles de los últimos tiempos se dan en este campo.

La cantidad de fondos que de los presupuestos se dedican a financiar obras cinematográficas, teatrales o literarias con el objeto de propagar el ideario político del que los patrocina y anular el del competidor.

El día que desaparezca esta promoción pública, comprobaremos el valor objetivo de tantos intelectuales, artistas y músicos, utilizados como propagandistas, pero financiados con renta proveniente de todos los ciudadanos, tan asiduamente promocionados por el dependiente e interesado, sector informativo.

Por eso en cada elección intervienen en la lucha política con tanta agresividad como los políticos ya que, su renta y su futuro dependen de la misma suerte.

También hay que incluir los fondos destinados al control de la enseñanza con el objetivo de conseguir personalidades afines al ideario político dirigente con independencia y, muy a menudo, en contradicción con los intereses del sector estudiantil.

También el coste del asentamiento en la burocracia de personas afines y que se convertirán no sólo en un electorado fiel, sino también, en una legión de propagandistas eficaces dedicados a amplificar en la sociedad los mensajes políticos del que los introdujo en la administración.

Además, los fondos públicos dirigidos a categorías sociales (ejm. el desempleo agrario en algunas zonas o las subvenciones puntuales) que sirven para asentar y ampliar el núcleo de votantes y comerciales de la región.

También habría que añadir el dinero dirigido a obras e inversiones sin una clara razón de Estado por ejemplo ¿Entran dentro de una buena administración los enormes costes de inversiones como el AVE, las Olimpiadas, la Expo, las redes de autovías de zonas tan alejadas de los centros productivos y de los mercados exteriores? ….. Existe la sospecha de que una gran parte de las últimas inversiones del país no están basadas en razones de eficiencia económica o de utilidad social sino por motivos políticos, en momentos y zonas de utilidad electoral dejándose de cubrir auténticas necesidades sociales sólo porque no producen inmediatos réditos electorales (ejm. repoblaciones forestales, investigación pública, redes de abastecimiento de agua potable y desagües, pantanos…).

Y hasta habría que incluir, los fondos dedicados a la promoción exterior de buena parte de políticos, en diferentes ámbitos, así como a objetivos aparentemente fuera de la órbita política pero que, en determinados casos, puede tener una gran eficacia electoral, como el mantenimiento actual del valor de la peseta ¿Cuanto ha costado al país el evitar una devaluación por las consecuencias que tendrían para la cuota de mercado del partido en el poder?

Así pues, vemos que, en materia de gastos electorales, queda mucho por podar de un árbol que se ha desarrollado en todos los niveles del Estado (central, autonómico y local) echando sus raíces en los presupuestos hasta dejarlos exhaustos y que se genera y crece en sociedades que permiten que se apropie, una clase política y para sus intereses, del dinero de todos, haciendo inútil el esfuerzo de solidaridad colectiva que supone el pago de impuestos presentes y futuros.”.

 En un artículo publicado unos meses mas tarde, el 18 de marzo de 1.994, en base a las reflexiones de Octavio Paz sobre los sistemas políticos del tercer mundo, en el periódico económico Expansión intentaba explicar el porqué las democracias tienen grados de calidad diferentes y cómo era difícil que, con tan pequeño período de aprendizaje, tuviéramos altas notas y especialmente, cuando muchos políticos de la transición no tenían precisamente a Dinamarca como destino final de sus proyectos.

 “la democracia es un instrumento que ofrece tantas caras como grados de desarrollo tengan los países donde está implantada. En las democracias de los pueblos poco desarrollados se dan, a menudo, características negativas que no se encuentran en las democracias maduras.

Desplazado el centro de la decisión política a la colectividad, la capacidad y la calidad del control de la gestión pública quedarán condicionadas por el bajísimo nivel de renta y de cultura de la población.

Dos notas diferencian las democracias de los países más desarrollados de los países del tercer mundo:

1-  La relación neutra entre el Estado y los ciudadanos, garantizada por la existencia de un Estado de Derecho que trata a todos por igual. En el momento que los ciudadanos se encuentren discriminados por el Estado, a causa de sus ideas, nos encontraremos ante un sistema democrático falsificado, ya que gran parte de las libertades quedarán cercenadas por este abuso de poder.

2-  La concepción que del Estado tenga la clase política dirigente. Mientras que en los sistemas políticos del tercer mundo las clases dirigentes consideran al Estado como su propiedad privada, en las democracias maduras, el Estado es de la sociedad y los políticos son servidores públicos y gestores de dinero ajeno. De manera que, si desvían hacia finalidades particulares o partidistas dinero común, la sociedad les retira la confianza política y les aplica un severo correctivo legal.

De ahí que la corrupción no sea extraña en la democracia de las sociedades poco desarrolladas mientras que los políticos corruptos son habitualmente separados de la política por las sociedades en las democracias maduras”

Pero, para ello, ha de cambiar el concepto de la lucha política de la sociedad. Si esta continúa pensando que, el que gana las elecciones tiene derecho a apropiarse del Estado como un botín de guerra como lo hacían los ejércitos en los períodos predemocráticos, la corrupción no quedará definitivamente erradicada.

Y si todos los partidos participan de esta práctica medieval la corrupción se hará crónica, los que la critican intentarán hacerse con el botín en el relevo de la clase anterior y la ciudadanía asistirá perpleja a que lo único que ha cambiado es el perfil y el número de beneficiarios.”

Actualmente, el problema más grave para los ciudadanos no es la corrupción que continuará reduciéndose, sino la falta de competencia de nuestra clase política en relación a los nuevos retos. Esto lo pudimos comprobar en la gestión de nuestra crisis, como denunció el profesor Joaquim Muns:

“Hemos tenido la mala suerte histórica de que la peor crisis en muchas décadas haya coincidido con la peor clase política en muchos años”.

Y nos previno de lo importante que para el progreso de nuestro país era el estar gestionados por políticos competentes:

 “Es el momento de dejar de lado la manoseada retórica partidista que ya prácticamente no significan nada -derechas, izquierdas, progresistas, etc.- y prestar especial atención a la categoría intelectual y a la experiencia de los candidatos.

En nuestra sociedad se está produciendo un fenómeno lamentable y paradójico. Me refiero al continuo descenso del nivel de preparación de nuestros políticos en el preciso momento en que la gestión pública deviene más compleja y exigente.

La evolución cultural, social y económica de los últimos años a todos los niveles es vertiginosa. La crisis económica global que el mundo padece desde hace tres años, fruto de los desajustes y tensiones que produce este proceso acelerado de cambio, tiene dos consecuencias que, como electores, deberíamos tener en cuenta. Por un lado, la relativización de los programas electorales. Cada vez es más difícil que éstos puedan seguir la aceleración de la realidad. En segundo lugar y como corolario de ello, la competencia y la experiencia de los dirigentes pasan a ser la mejor garantía para afrontar con esperanza razonable de éxito las consecuencias de los problemas y crisis que nos han sacudido y que, desgraciada pero inevitablemente, seguirán azotándonos durante mucho tiempo.

El progreso de las naciones depende de muchos factores, pero creo que la experiencia de los últimos años está demostrando el creciente protagonismo de los líderes políticos bien preparados.”

DANIEL IBORRA FORT

Vilafranca del Penedés, 9 de mayo de 2017

 

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Bodegas Codorniu en Sant Sadurni D´Anoia (Barcelona). Por Angela Llop La imagen no tiene que ver con el texto del artículo (sólo la cercanía con la residencia del autor).

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