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LECCIONES DE UN INCENDIO

Salvador Torres Escámez, Notario de Almería
 

           

            En la madrugada del día 13 de enero de 2009 se declaró en el local de mi Notaría un incendio de cierta magnitud. Salvo por el importante aspecto de que no hubo desgracias personales y de que no se destruyó ni un solo tomo del Protocolo, las pérdidas materiales y morales fueron muy considerables.

 

            Después de haber escrito a lo largo de mi vida profesional y académica algunas páginas de Derecho Civil y Mercantil, que hoy me parecen absolutamente prescindibles, he pensado que quizás sea contando mi experiencia sufrida –los errores, los fallos y los eventuales aciertos- como mejor pueda ser útil a todos mis compañeros.

 

            Si con estas líneas consigo evitar que cualquiera que pase por las mismas circunstancias entre en su despacho humeante con la angustia con que yo accedí al mío cuando los bomberos me dijeron que podía hacerlo, sería para mí un gran motivo de satisfacción.

    

       A) Enseñanzas para todos los notarios.

           

            Todos estamos expuestos a la eventualidad del fuego. Hay varias precauciones que pueden prevenir sus devastadoras consecuencias. Para no hacerme excesivamente largo me centraré en dos: la instalación eléctrica y el seguro.

 

             Parece bastante sencillo comprender las ventajas de una instalación eléctrica convenientemente revisada con la adecuada periodicidad. Cada vez añadimos a nuestra red más ordenadores, escáner, impresoras, servidores, fotocopiadoras, trituradoras de papel, etc., etc.. Con ello la situación de dependencia de nuestra instalación eléctrica es cambiante y requeriría una revisión profesional  periódica, que bien se podría establecer en cada dos años.

 

             En mi despacho, donde he estado más de veinte años, siempre se cortaba la corriente en el interruptor general cuando el último se iba. Hasta que, en un momento determinado, por la instalación de la alarma y, más tarde, del servidor de Ancert, nos hicieron cambiar de actitud, ya que, a partir de entonces, hubo que dejar conectada la electricidad durante la noche. Creo que merecería la pena encontrar algún sistema que permitiese a esos aparatos seguir funcionando independientemente de la instalación general. Probablemente lo más sencillo fuese separar un cuadro eléctrico o un diferencial distinto para aquello que tuviese que seguir encendido durante la noche.

 

            Otro aspecto necesitado de actualización periódica es nuestro seguro de incendios. La mayoría de las pólizas contiene una cláusula de puesta al día de la prima y de las indemnizaciones conforme al IPC anual. Pero el valor de lo asegurado va aumentando con el tiempo mucho más que el IPC.

 

             Por eso y por la conveniencia de prever ciertos riesgos, normalmente no contemplados (como el lucro cesante o los gastos de traslado de local o los sueldos que se deben seguir pagando durante el periodo que se deje de trabajar) es muy útil la intervención en la contratación de nuestro seguro de un experto en la materia. Parece mentira que, siendo los notarios profesionales del consejo y del asesoramiento en los contratos, obviemos esos aspectos a la hora de concertar nuestra póliza, tanto más cuanto los honorarios del agente o corredor suelen estar englobados en la prima.

 

            B) Enseñanzas para los notarios que han sufrido un incendio.

 

            La primera es saber que, aunque parezca que el mundo se hunde en una situación como esa, se sale de ese pozo. Con la ayuda de tu familia, de tus amigos, de tus empleados, de tus clientes, se puede recuperar la normalidad, incluso con una renovada ilusión. Un amigo notario italiano me recordaba “l’Araba Fenice”, que dicho en su idioma queda incluso elegante. Pese a ello, hay que estar preparado para unos días muy malos hasta que se logra reanudar la actividad en otro local. Particularmente útil me fue la canción de Billy Ocean que me descubrieron mis hijas: “When the going gets tough, the though get going”.

 

            Otra lección muy importante está también relacionada con el seguro. Es un error considerar que tú solo vas a poder gestionar el siniestro. El perito que te manda la compañía es un señor educado, correcto y amable, que parece que le da mucha pena tu situación y que va a procurar que te recuperes lo mejor posible. Error. Los intereses de la compañía son diametralmente opuestos a los tuyos. No olvides que cada euro que te pagan a ti es un euro que pierden en su cuenta de resultados.

 

            Por eso es muy conveniente el nombramiento –no precipitado, pero sí cuanto antes- de lo que se denomina en el mundo del seguro un “perito de parte”, que te asesore, te defienda y gestione tus intereses. Los honorarios pueden ser importantes, pero probablemente merece la pena. Algunas pólizas contemplan que tales gastos sean a cargo de la aseguradora, al menos hasta una determinada cantidad.

 

            C) Enseñanzas para las Juntas Directivas de los Colegios Notariales.

 

            Un incendio quizás sea el mayor desastre material que un notario puede sufrir en su vida profesional.

 

            Por eso sería muy positivo que el Colegio al que uno pertenece –que se supone une a compañeros ligados por algunos vínculos- estuviera a tu lado en momentos como ese. Aunque sólo fuera con una visita fugaz del Decano o incluso con una llamada telefónica, se podría transmitir la solidaridad y la cohesión que son siempre de agradecer en tan dolorosa situación.

 

            D) Enseñanzas para el Consejo General del Notariado.

 

            Las reduciré a dos puntos: la normativa reglamentaria de reconstrucción del Protocolo y el seguro colectivo que tenemos.

 

            Siempre he mirado los artículos que la Legislación Notarial dedica a la reconstrucción del Protocolo con una cierta superficialidad. Incluso me producía cierta gracia una figura que creo recordar en algún Reglamento antiguo, que concedía doble pensión a la viuda del notario muerto en el intento de salvar el Protocolo.

 

            Pero ahora soy quizás el notario que más cerca ha estado de esa posibilidad y he vuelto a ver con detenimiento los artículos 39 L.N. y 280 R.N. que se dedican a esta materia.

 

            Como éste no es un artículo doctrinal, diré solamente que son preceptos del siglo XIX, que parecen ridículos en una normativa que se ha reformado en profundidad hace sólo un par de años. Si tuviera que reconstruirse el protocolo en la forma que se señala en los artículos citados, sería la muerte civil del notario afectado. Por eso, llama la atención que no se haya dado entrada a medios informáticos modernos, como las copias de seguridad que el notario pueda tener de sus archivos o incluso la digitalización del Protocolo, que no es tan cara ni complicada como pudiera parecer (creo que los Registros hacen algo semejante) y que con una cierta intervención oficial del Colegio o del Delegado hasta podrían tener carácter de autenticidad.

 

            La última consideración hace referencia al seguro que todos los notarios tenemos contratado a través del Consejo. En él se recoge como asegurados los daños causados en el Protocolo, pero…con una franquicia de 15.000 €. En mi caso, que ha habido que hacer una limpieza de humos y hollín de todos los tomos e incluso la vuelta a encuadernar de algunos de ellos, que tenían el lomo chamuscado por el calor, los gastos de esa partida han sido de algo menos, por lo que no me he podido servir de esa ayuda.

            La consideración que quiera hacer a este propósito es que la franquicia, que tiene una explicación en la responsabilidad civil para que el notario extreme la atención y el cuidado de sus asuntos, presenta menos justificación en estos casos, en los que el siniestro depende mucho de las veleidades del azar.

 

            Espero que estas experiencias puedan ser de utilidad a todos los notarios e incluso –ojalá que no haya ninguno- a quien pueda verse en mi misma situación.

 

 

            Salvador Torres Escámez

            Notario de Almería

 

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 Visita nº  desde el 29 de abril de 2009.

 

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