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CRISIS DE LA
ECONOMÍA Y DE LAS NOTARIAS
Daniel Iborra Fort, Notario de Vilafranca del Penedès (Barcelona)
Si preguntamos a nuestros
conciudadanos, que se alimentan informativamente por los canales tradicionales,
sobre el origen de nuestra crisis económica, una gran parte contestaría que todo
procede de la crisis inmobiliaria de Estados Unidos que se generó en agosto del
2.007 y hasta encontraremos, sin duda, a bastantes que nos responderán que
proviene de la gran crisis financiera internacional que se desarrolló en
el último cuatrimestre del 2.008, y que surgiendo, también, del mismo
país se globalizó, sorprendiendo a todos los dirigentes políticos
del mundo, sin exclusión.
Sin embargo, no fue esta la
experiencia que viví desde mi despacho
profesional.
Yo tenía la costumbre de
ordenar y leer las estadísticas y los estudios sobre la evolución del mercado
inmobiliario.
Cuando se publicaron las
correspondientes al año 2.006 (80/85.000 de media mensual) comprobé que el
número de ventas de viviendas se redujo en este año. El descenso se fue
agravando en el 2º semestre hasta llegar a una cifra final de un 7,2% para todo
el ejercicio.
En el año 2.007 la reducción se
fue acentuando, hasta concluir el año con una caída total de un 13,93%.
Y
lo mismo pasó con el número de hipotecas, el declive se fue intensificando de
una manera paralela y partiendo de un techo, en el 2.006, de 1.896.515
hipotecas, lo que supone una media mensual de 158.043, cuando llegamos a
agosto de 2007 y se destapa la crisis
en E.E.U.U., el número de hipotecas
había bajado hasta un número de 129.961
Como continuaba al tanto de las
estadísticas mensuales, me extrañaba que las personas que llevaban la
responsabilidad de la política económica, hicieran manifestaciones tan alejadas
de la realidad. La única explicación era su falta de
información sobre la verdadera situación de la economía, lo que les
estaban llevando a un gravísimo error de análisis que les impediría hacer
un diagnóstico certero y tomar las medidas correctas. Especialmente, en cuanto
al control del crecimiento del crédito interno que no se dirigió a la promoción
ni a la mejora de la calidad del sector productivo sino que se estaba
concentrando, básicamente, en el sector inmobiliario, generando una burbuja que
elevaría el riesgo no sólo del sistema financiero y del sector de compradores
sino del futuro de toda la sociedad.
En el primer artículo que realicé sobre
la crisis, el 28 de mayo del 2.008, daba la siguiente interpretación sobre lo
que estaba sucediendo, en base a los datos que me proporcionaba mi actividad
profesional:
“Con
la introducción del euro, se produjo la consolidación de los tipos de interés a
un nivel mínimo desconocido desde hacía 25 años. España, por sus datos
económicos y su pertenencia a la Unión Europea, gozaba de una gran reputación
exterior que llegó a su máximo en el 2002, lo que facilitó la obtención de
grandes recursos financieros de todas las instancias y mercados internacionales,
en un momento de abundancia de liquidez y bajos tipos de interés.
El crecimiento del
consumo y las inversiones en el sector inmobiliario no se financiaron con las
rentas de los ciudadanos que se habían reducido por la introducción del euro y
el incremento de la inflación real por encima de los crecimientos nominales de
los salarios e ingresos anuales sino por la financiación bancaria en una
proporción exagerada en relación a la media de la zona euro, que había mantenido
sus porcentajes de crecimiento y no había relajado los criterios de la concesión
del crédito a sus clientes.
El proceso expansivo se
iba a extinguir conforme se generalizara entre la ciudadanía el acceso al
crédito ya que, si a las menguadas rentas se les deducían las cuotas de los
préstamos, el poder adquisitivo residual apenas podría alcanzar al mínimo vital.
Y, en cuanto a la
adquisición de inmuebles, cuando los bancos redujeran a porcentajes mas
prudentes la financiación y los particulares tuvieran que aportar el 30/40% del
valor del inmueble para que cubriera el diferencial de financiación, los
impuestos, los gastos y el acondicionamiento de la vivienda.
A esto se sumó la reducción del flujo de capital exterior en
paralelo a la pérdida de confianza de la economía española en los mercados
internacionales por la elevada inflación, el gran desequilibrio exterior, la
pobre competitividad de su economía y los problemas del sector inmobiliario.
Para mantener la producción, la renta y el empleo y hasta el
nivel de ingresos públicos, había que potenciar el sector productivo haciendo un
gran esfuerzo para que se constituyera en alternativa para un sector de la
construcción, sobredimensionado y al borde de un ajuste, incentivando todos los
procesos de reducción de costes y mejora de la calidad, intentando asegurar la
competitividad arruinada por la revaluación del euro sobre el dólar, el
incremento del diferencial de inflación en relación a los países competidores de
la zona euro desde su introducción y por el déficit de calidad en tantos
sectores que afectan a la producción (ej. infraestructuras, educación técnica,
investigación, marco legal empresarial y laboral, energía,…) y dirigiendo todos
los recursos financieros del país para asegurar este proceso de reconversión.”*
Como era una tarea ardua, técnica, compleja y que planteaba
riesgos electorales, se escogió la vía cómoda y más rentable políticamente de
jugar con recursos fáciles y demagógicos con el objeto de entretener
a la población, esperando que viniera la reactivación anunciada por
personas e instituciones que fueron incapaces de anticipar la crisis y de
justificar la manera de cómo
mejoraría, en precio y calidad, la competitividad de nuestros productos.
Y, entre los elementos de distracción, se emplearon las
reducciones arancelarias a los notarios.
En un artículo, con la experiencia del seguimiento de la
anterior crisis de los 90, que publicamos el 25 de septiembre de 2.008, avisamos
de lo que supondría, para el empleo y el futuro del país, el drenaje de liquidez
al sector productivo “El dinero para las empresas es como la simiente para la
siembra, no se puede tocar. Si este
problema de liquidez no se soluciona inmediatamente, la destrucción del tejido
empresarial será irrecuperable…” *
Si todo el dinero que en esta época se destinó a finalidades
electorales e improductivas se hubiera destinado a la reconversión del sector
empresarial, habría la mitad de
crisis y de insatisfacción social.
Cuando llegaron
las elecciones en marzo, el número de
hipotecas había descendido hasta la cifra
de 104.690 y las compraventas eran 45.659, estas últimas suponían casi la mitad
de la media del año 2.006. De ahí que el debate de SOLBES y PIZARRO, lo vi de
manera diferente a los medios de información general. Con los datos que tenía,
deduje que la diferencia entre ambos era que PIZARRO tenía una mejor
información, de ahí que su diagnóstico fuera más correcto:” España tenía una
crisis de modelo que estaba basada en el consumo y en el ladrillo y que estaba
perdiendo la batalla de la competitividad y de la confianza de los ciudadanos y
los mercados internacionales”, lo que le permitió hacer unas propuestas más
competentes.
El futuro brillante del país y el pleno empleo eran un espejismo.”Al haber descendido tan catastróficamente el número de ventas, se estaba generando un stock de viviendas que sería imposible de colocar, lo que provocaría un ajuste en el número de trabajadores del sector de la construcción espectacular ya que trabajaban, directa e indirectamente en él, tres veces más que en otros países. Y esto se iba a producir, aunque no hubiera estallado una crisis financiera internacional, al retornar las entidades financieras a los criterios tradicionales de concesión de créditos y siendo más estrictos y rigurosos en el estudio de la capacidad real de ahorro de una población que, en más de sus dos terceras partes, no ganaba más de 1500 euros al mes.
Si
el sector estaba condenado a un inevitable ajuste laboral ¿en que sector
de la industria, de los servicios o de la agricultura
se germinarían tantos puestos de trabajo para recolocar a los sobrantes
del sector de la construcción y garantizar la promesa electoral de crear dos
millones de puestos de trabajo y conseguir el pleno empleo en la próxima
legislatura? Sólo habiendo creado, anteriormente, las condiciones
legales y financieras que establecieran un nuevo marco provocador de
masivas vocaciones empresariales, podía
justificar semejante optimismo.”*
Cuando la crisis financiera
internacional estalla en septiembre de 2008, el número de hipotecas y ventas de inmuebles
estaba en mínimos, la media mensual del
último trimestre había descendido a 88.822 para las hipotecas y a 36.686 para
las ventas, el hundimiento importante se produjo anteriormente. De ahí que
concluyéramos que nuestra crisis económica
era anterior a la de EEUU y a la financiera internacional, ya que tenía unas
bases diferentes, lo que justificaba que el deterioro interno fuera mayor que el
de otras economías.
A
partir de ese momento, el número de hipotecas continuó reduciéndose así como su
valor (ejm. en 2.006 se hicieron 1.896.515 por un importe total de
297.114.754.000 euros y en 2010 habían bajado a 956.127 pero el valor aún había
descendido más, a 122.161.751.000) y también el número de compraventas que,
salvo los repuntes de la subida del IVA y el fin de la desgravación de la compra
de vivienda del 2º y 4º trimestre de 2.010, compensados por la gran recesión de
ventas en el actual ejercicio, han llevado a la construcción a una situación
catastrófica .En el primer semestre del 2.011 se realizaron 165.286 compraventas
de viviendas, lo que suponía que la media mensual había descendido a 27.548 y el
número de hipotecas se había reducido en un 25% prácticamente.
Para hacernos una idea
de la ruina de este sector motriz, el número de viviendas libres
iniciadas que fue de 664.923 en el 2.006 pasó a 63.090 en 2.010 y al siguiente
año continuó agravándose con un descenso, en el primer trimestre, de
un 13,8%. El 14 de julio de este 2.011, LA VANGUARDIA publicaba que el
Colegio de Arquitectos de Catalunya estimaba que la construcción,
que representaba entre el 10% y el 13% del PIB de Catalunya, actualmente se
situaba entre un 1 y un 2%.
En el resto de operaciones de
cuantía, la regresión fue en paralelo, por ejemplo la constitución de
sociedades, en 2.006 se constituyeron 148.964 sociedades y en el 2.010,
79.963. Asimismo, en cuanto al crédito de consumo, la inversión nueva se
redujo a la mitad en tres años, desde el 2.007 al 2.010, descendiendo la
participación de la financiación de automóviles desde el 28% en el 2.007 al 22%
en 2.009 e incrementándose la proporción del crédito concedido a través de
tarjetas de crédito (Estudio Competitors de DBK Nov.2010).
Esta caída profunda se explica
no sólo por las restricciones crediticias ni por la subida de los tipos de
interés sino, fundamentalmente, por la extensión de la angustia a la población
como consecuencia del impresionante crecimiento del paro y del deterioro de la
Economía.
El problema del desempleo,
cuando se agrava de una manera tan intensa, es que sus efectos se extienden de
los nuevos parados a las otras capas sociales: sobre los que estaban en el paro
y mantenían la esperanza de encontrar
empleo, sobre los contratados temporales a los que marchita la ilusión de la
prórroga de los contratos, sobre los que tienen contratos en vigor pero que
viven la experiencia traumática de sufrir como el paro arruina las expectativas
personales y profesionales de sus compañeros y familiares y pone dudas a su
futuro económico y, finalmente, de los jubilados y los trabajadores próximos al
retiro, que ven como se agrietan las garantías de sus prestaciones sociales.
Todo ello iba a afectar,
gravemente, al consumo privado. Los consumidores, por temor o por prudencia,
intentan ahorrar el máximo posible, posponen toda compra de valor, en especial
de los sectores motrices (construcción y automóvil) ya que el aplazamiento del
pago requiere una seguridad en las rentas futuras y se van centrando en la
adquisición de productos y servicios vitales, aunque cada vez de menor calidad y
precio. Y es que nadie consume más que lo
imprescindible cuando tiene su futuro en la incertidumbre.
Al final de este período, en
los despachos notariales, las plantas de la recesión (poderes de pleitos,
liquidaciones, notificaciones…) acabaron sustituyendo a las de inversión libre
tradicionales. Con la peculiaridad de que, buena parte de
las que se hacían en el ámbito financiero e inmobiliario,
se formalizaban para asegurar y/o compensar los créditos de los clientes
de las entidades financieras y liquidar el inmenso stock de viviendas acumulado
durante la crisis.
La rentabilidad negativa de las
primeras contribuyó a acelerar el deterioro y, con ello, la viabilidad económica
de muchas notarías.
DANIEL IBORRA FORT. NOTARIO.
VILAFRANCA
DEL PENEDÈS 2 de noviembre de 2011.
Textos extraídos del libro
“ UNA CRISIS PREVISIBLE : ESPAÑA 2.006/2.010”, con
datos actualizados hasta el 2.010, del INE y del MINISTERIO DE FOMENTO. Los del
2.011 han sido publicados recientemente y
recogidos de la prensa económic
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