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EL ARTE DE AMARGARSE LA VIDA (O SOBRE LA HOJA DE RUTA)

Ciriaco Corral García, Notario de Palma de Mallorca

 

Probablemente el lector no sepa quien fue Paul Watzlawick, filósofo norteamericano, pionero en los estudios sobre comunicación humana, y, junto con otros científicos, creador durante la década de los setenta de la escuela de psicología de Palo Alto en California. Watzlawick escribió un simpático libro titulado "El arte de amargarse la vida", en el que distinguía dos tipos opuestos de individuos en lo que se refiere a la forma de concebir las relaciones con los demás. Un extremo serían los "simbióticos", cuya concepción definía como ganar/ganar. En el otro extremo estarían los que veían las relaciones como un juego de suma cero, es decir en el que cualquier ganancia debía ser a costa de una pérdida para la otra parte. El autor afirmaba que a esta última clase de sujetos es muy difícil convencerles de que en las sociedades modernas la vida no es un juego de suma cero, y que por tanto tenían mucho más que ganar si optaban por cooperar con el prójimo en vez de enfrentarse con él.

Y todo esto viene a cuento por el tema de la hoja de ruta. Limitándonos a los últimos acontecimientos, podemos decir que el  decano del Colegio Notarial de Cataluña firmó un ponderado acuerdo con el autonómico de la misma comunidad del Colegio Nacional de Registradores, documento que fue criticado por la Comisión permanente del Consejo General del Notariado fundamentalmente por razones de competencia. Que previamente el Consejo  había presentado en el Ministerio la respuesta a las preguntas sobre la "hoja de ruta" pidiendo que se redujese notablemente el ámbito de la calificación registral, y que el Colegio Nacional de Registradores ha presentado su informe el veinte de enero diciendo todo lo contrario del acuerdo suscrito por Antonio Cumella y Joan Carles O11é.

Por lo tanto, parece como si la hoja de ruta planteara necesariamente un juego de suma cero. Pero esta premisa es discutible.

 Antes de abordar el tema es interesante contestar a una pregunta previa. ¿Es verdad que el sistema hipotecario español es el mejor del mundo? Eso es lo que dicen los abogados españoles que se pasean por el extranjero, así que antes de cambiarlo por las buenas vale la pena pensarlo porque  “del desprecio de lo que se tiene se deriva la pérdida de ello”. La  frase, por cierto, no es mía. La dijo Felipe González en un Congreso del PSOE previo a su llegada al poder ante las críticas de algunos compañeros de partido a la Constitución del 78.

Sin embargo la hoja de ruta pone el dedo en la llaga de una de las consecuencias más criticables del sistema tal y como está diseñado actualmente, que consiste en que en ocasiones, tras haber firmado una escritura, los otorgantes se enteran meses después de que ésta tiene defectos que impiden la inscripción.

Superar este problema exige diseñar un proceso en el que el plazo entre el otorgamiento del título y la calificación registral fuera lo suficientemente breve como para que las partes pudieran pactar que el dinero en las compraventas quedase depositado en manos del propio notario o de un gestor, quienes una vez se produzca la calificación favorable lo transferirían al vendedor.

 Para conseguirlo hay al menos dos medidas que parecen necesarias: que la presentación telemática sea obligatoria, y que la falta de pago de los impuestos sólo suspenda la inscripción pero no la calificación, la cual debería producirse en un plazo no superior a seis días hábiles. Y si la calificación fuera recurrida, la Dirección General debería resolver en un plazo no mayor de un mes desde la interposición del recurso. Además, como afirmaban el acuerdo de Barcelona y el informe del Consejo, el notario debería tener acceso a la información registral en tiempo real, pudiendo, inmediatamente después de haber leído la escritura y de haber manifestado su conformidad los otorgantes, provocar el cierre del Registro durante unos minutos para garantizar la prioridad del título.

Lo anterior es algo que, -con algunas variantes-, está en la cabeza de todos. Lo que pasa es que la desconfianza recíproca es tal que nadie se atreve a dar el primer paso, cosa que bloquea completamente cualquier relación. Por el contrario para que una negociación se produzca de forma fructífera no son buenas ni una confianza total ni una desconfianza absoluta sino un término medio. Eso está minuciosamente estudiado en un antiguo manual sobre negociación escrito por catedráticos de la Universidad de Harvard, titulado "El proyecto Harvard sobre negociación" (1).

Mi buen amigo Andrés Monserrat, decano del Colegio de Baleares, me dice que el presidente de los notarios ha enviado una carta conciliadora a su colega del CORPME, Eugenio Rodríguez Cepeda, lo cual es inequívocamente una buena señal, y probablemente explica la calma del mes pasado. No he podido encontrar el texto de la carta en el SIC, aunque me imagino que está en la línea de las declaraciones que Antonio Ojeda hizo a Europa Press el cinco de febrero, en las que decía que negociar es obligado, y que ello no implica perder firmeza en los objetivos. Eso es muy parecido en esencia a lo que dice el manual de Harvard: que negociar con alguien con cuyos valores y conducta se desaprueban, y por quien se siente antipatía, distinguiendo los aspectos sustantivos; - o sea los acuerdos a los que se pueda llegar-, de la mayor o menor sintonía personal que tengan las partes, no es una muestra de debilidad sino de fortaleza.

Los principios del Proyecto Harvard fueron empleados con éxito en las negociaciones Egipto-Israel, que fructificaron en los acuerdos de Camp-David, y, como dicen los propios autores, pueden ser aplicados a cualquier tipo de relación. Por eso, humilde pero encarecidamente, ruego a los representantes de los dos cuerpos que lo lean.

 

CIRIACO CORRAL.

 

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(1) "El Proyecto Harvard sobre negociación" fue inicialmente escrito por Roger Fischer y Scott Brown, y publicado inicialmente en España por Editorial Deusto, aunque creo que la obra está descatalogada. Reelaboraciones posteriores efectuadas por Fischer con otros autores, sí están disponibles en nuestro país (en la misma editorial). Un resumen sobre el tema se puede encontrar en un artículo con el mismo título, publicado el seis de junio de dos mil seis en "El Mundo del País Vasco".

 

Intervención previa

Medidas 22 y 23

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