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NUEVOS OFICIOS EN TIEMPO DE CRISIS

(EL COLCHONERO)

Joaquín Osuna Costa 

Joaquin Osuna Costa, Notario de Leganés (Madrid)

 y Agente de Cambio y Bolsa

  

Hubo una época, no demasiado lejana, en la que los colchones eran de lana, con una funda, generalmente rojiblanca (de ahí el apodo de los Atléticos). Con el paso del tiempo la lana se iba aplastando y apelmazando y el colchón reducía su volumen y su comodidad, por lo que periódicamente aparecía por casa un señor, el colchonero, provisto de un palo de forma un tanto extraña, de madera generalmente de acebuche o de sabina, que se llevaba los colchones de la casa a la azotea, los descosía, vareaba la lana, la volvía a introducir en la funda y cosía ésta de una forma peculiar, tanto que ha dado su nombre, sutura de colchonero, a una técnica quirúrgica. ¡Qué gozada era acostarse esa noche en el colchón recién vareado! era como dormir en una nube, ningún colchón moderno proporciona ese placer.

 

Mira por donde ese oficio desaparecido ha renacido con la crisis y vuelve a ser algo básico no en nuestros hogares, sino en nuestros sistemas financiero y fiscal.

 

En efecto, nuestros Bancos, lo que queda del que era "el mejor sistema financiero del mundo" (Zapatero dixit), y nuestro depauperado Tesoro, dedican más tiempo a ejercer de colchoneros que a fabricar lana.

 

En los Bancos, la crisis, el paro, la/s burbuja/s de turno y/o todo a la vez ha hecho que su cartera de préstamos se haya ido "apelmazando" provocando serias incomodidades a los prestatarios, pero no pasa nada, se llama al colchonero y se varea la lana ¿cómo? Estableciendo un período de carencia, concediendo un préstamo suplementario para pagar los intereses durante esa carencia, otorgando un alargamiento de plazo, en definitiva, lo que sea con tal de que quede la operación perfectamente mullida y el cliente no se caiga de la cama.

 

En cuanto al Tesoro, la cosa es peor porque nuestros dirigentes llegaron a tener el pleno convencimiento de que, por pertenecer al superexclusivo club de la eurozona, "la champions league de la Economía" en otra brillante frase del mismo personaje antecitado, nuestra Deuda se nominaba en euros, la más fuerte divisa de todos los tiempos, y eso, por definición, nos otorgaba un rating de triple A y, por tanto, no había que molestarse en amortizarla, bastaba con renovarla y/o incrementarla perpetuamente puesto que los Mercados nos querían tanto que siempre habría bofetadas por suscribir nuestras emisiones.

 

Y mira por donde eso no era verdad, habíamos olvidado que la pertenencia a un club no implica la igualación de sus socios, simplemente es un hecho que presume más o menos la amistad entre ellos, y el Club del Euro no era diferente. El euro es sólo el carnet de socio, que se da a todos, pero las consumiciones en el club social las paga cada cual con su fortuna y, si algún socio deja una cuenta pendiente, se le expulsa y a otra cosa, y eso se hace con mayor inquina que en cualquier local no social, porque el dejar facturas impagadas en un club al que se pertenece tiene el agravante de abuso de confianza y/o la presunción de que uno se ha hecho socio precisamente para consumir gratis. Y así nos vemos ahora, mal atendidos en un rincón de la barra, en compañía de otros socios igualmente pobres, mientras los ricos están en la mejor mesa del salón recibiendo las sonrisas del maître.

 

Pero, en el fondo, tampoco pasa nada, es tanto el volumen de facturas pendientes, éramos tantos los morosos, que si no pagamos se cierra el Club, o sea que el Cajero también se ve obligado a actuar como colchonero para construir un camino blando para salir del hoyo, aunque aquí las cosas no son tan sencillas puesto que ese cajero ha recibido instrucciones del Presidente del club de que no renegocie las facturas de los clientes/socios. Lo que hace entonces, en un ejemplo de cinismo insuperable, es prestar dinero barato a sus camareros para que sean éstos quienes negocien directamente con los morosos, y, de paso, se forren en esa negociación. Traducido al castellano: el BCE presta a los Bancos europeos dinero barato para que sean éstos los que compren la Deuda Pública. Así, el Cajero no hace de colchonero, quedaría muy feo, sino que subcontrata el trabajo, salva la cara y todos contentos.

 

¿Qué consecuencias tiene este proceso? Muy sencillo, que el Sector Financiero de nuestra economía ha desaparecido porque “está en lo suyo”, dedicándose, por una parte, a varear la lana de su propia cartera de activos más o menos tóxicos, sin más ánimo de lucro que el derivado del freno a la morosidad, y, por otra, a varear la lana del colchón público, obteniendo, aquí sí, una rentabilidad excelente y muy cómoda porque para ese proceso basta con tener un colchonero al teléfono. Mientras tanto el Tesoro soporta el vareo bancario de su lana, y va tirando así mientras espera poder controlar el crecimiento de su Deuda con planes de austeridad presupuestaria, único recurso que le queda al carecer de soberanía monetaria.

 

Pero ese impasse es altamente nocivo. El Sistema Financiero es un curioso ejemplo de circuito cerrado con un flujo de fondos de los ahorradores a los Bancos y otro flujo de los Bancos a sus prestatarios, en el que ese segundo flujo es mayor que el primero porque el sistema bancario crea dinero. En efecto, si una persona, A, ingresa 100 € de su sueldo en el Banco, el Banco podrá prestar por lo menos 50 € a otra persona, B, por tanto, teníamos una persona, A, con 100 € y ahora tenemos dos personas que tienen en su poder 150 €. Cuando se cierra el grifo del crédito el proceso es el inverso, disminuye el dinero en circulación y se genera un proceso de empobrecimiento colectivo.

 

Bien, hasta aquí el placer de todo economista, contar lo que pasa, demos un pasito más y veamos si el embrollo tiene solución.

 

Son dos los problemas que han generado la crisis en España, la morosidad bancaria y la excesiva Deuda Pública, si no se resuelven los dos nunca saldremos del pozo, además su solución debe ser coordinada, empezando por la crisis de Deuda, porque el Estado, cuando necesita dinero, se comporta como un pasajero maleducado, que es capaz de expulsar del autobús a los demás a empujones con tal de ocupar su plaza, es lo que en Teoría Económica, para parecer culto y que no se entere nadie, se conoce como "crowding out", que quiere decir que mientras el Estado necesite dinero para financiarse ya podemos olvidarnos sus súbditos de conseguirlo.

 

Y resulta que de los dos problemas, el de la Deuda, es el más fácil de resolver, sencillamente porque no tiene solución y eso es algo perfectamente asumido.

 

Me explicaré: La Deuda Pública no se paga nunca. La Deuda, a diferencia de la materia, se crea, pero como ella no se destruye, simplemente se transforma ¿sorprendido? pues busque un país que alguna vez en la historia la haya pagado. Por ejemplo la Deuda emitida por Estados Unidos para financiar el déficit ocasionado por la segunda guerra mundial sigue viva, lo que pasa es que aquella suma, entonces tan ingente, es ahora muy pequeña dentro de la masa total de Deuda en circulación, cosas de la inflación que alguna ventaja tenía que tener. Pero el proceso de transformación de la Deuda, que como vemos es inherente a su existencia, exige, para ser exitoso, una apariencia de solvencia en el emisor. Es un fenómeno parecido al de los depósitos bancarios, todos sabemos que ningún Banco sería capaz de devolver de golpe el dinero a todos sus depositantes, pero, mientras ese Banco parezca ser solvente, no se producirá esa masiva retirada de depósitos.

 

Entonces ¿por qué las prisas? Porque nos hemos pasado, porque tenemos demasiada Deuda en circulación para nuestras cifras de déficit público, PIB, paro, inflación, etc. y eso sólo se soluciona mejorando todas esas magnitudes, o, por lo menos, demostrando que al frente del tinglado hay alguien que está seriamente preocupado, busca soluciones y detrás tiene una sociedad que está de acuerdo. Por el contrario, un par de huelgas generales y cerramos el kiosco.

 

Establecidas las bases de saneamiento se podrá acceder, si fuera preciso, a la utilización de fondos de rescate, digo si lo fuera, porque quizás no lo sea, y baste sólo con el inicio del proceso de ajuste para reducir la prima de riesgo y acceder a financiar la Deuda de verdad en el mercado internacional y no drenando a nuestro sistema bancario de la liquidez necesaria para nuestra empresas.

 

O sea, tres tareas: Plan de ajuste, convencer a los Mercados y hacer lo propio con los españoles, que, de momento, creen que se les piden más sacrificios a ellos que a sus Instituciones. Quizás, para lograr la adhesión doméstica, sin la cual es imposible conseguir la de los Mercados, vendría bien alguna medida demagógica, por ejemplo pasar al régimen general de la Seguridad Social todas las pensiones de cargos políticos, con eliminación de los privilegios actuales, suprimir totalmente las exenciones fiscales a Partidos Políticos, Patronal y Sindicatos, por ese orden, y luego sus subvenciones por el mismo camino, y preguntar por referéndum a los españoles si convenía modificar la Constitución, por ejemplo suprimiendo el Senado y modificando todo su título VIII, o ya, en plan absolutamente utópico revolucionario ¿Estarían dispuestos nuestros representantes políticos a aprobar una ley que, primero, diera publicidad a las deudas en mora con la Banca de todas las Instituciones y Empresas públicas, incluyendo Partidos, Sindicatos y Patronal, y que, en segundo lugar, exigiera a los Bancos para poder ejecutar a cualquier ciudadano o empresa en mora, que previamente hubiera entablado idéntico procedimiento contra todos ellos? No lo verán nuestros ojos, pero es una pena.

 

Una pena porque la unidad europea es un tren que no volverá a pasar por aquí si nos bajamos y que nunca volverá a salir si lo descarrilamos, cosa fácil, porque ya puestos a hacer el burro, los países europobres sí tenemos fuerza suficiente para cargarnos el euro y hundir incluso a las economías boyantes de la eurozona, que lo son porque nos venden a nosotros.

 

El proceso europeo, si no descarrila, acabará más pronto que tarde en la emisión de eurobonos exigiendo seriedad a los países emisores, pero los pobres tenemos que convencer a los ricos que los descarrilamientos de un tren se producen no sólo por rotura de vías sino también por exceso de velocidad, por tanto hay que controlar las dos cosas, y si a nosotros nos exigen pavimentar nuestra vía, estamos en todo el derecho de exigir frenazo financiero a los países que van rápido. No caben colonialismos en Europa, y la prima de riesgo es justamente eso, un medidor de grado de colonialismo financiero.

 

Y todo esto ha de hacerse ya, de manera inmediata, no podemos esperar porque es ese Sector Público ineficiente el que absorbe los recursos que necesita el Privado, que, mira por donde, es el único que crea empleo y genera riqueza.

 

Sigamos con la utopía: Es seguro, y si no que dimitan esta tarde, que en nuestro Ministerio de Economía hay redactado un protocolo minucioso de qué hacer si desaparece el euro de repente, cosa que puede pasar cualquier fin de semana de éstos. Pues bien, visto ese plan, no estaría de más hablar discretamente con Italia, que debe tener el suyo, y armonizar los dos para poder decir a Francia y Alemania un viernes por la tarde que, o eurobonos el lunes o que muchas gracias, que lo hemos pasado muy bien y que nos vamos. Mejor pobres de repente que miserables poco a poco.

 

En resumen, el ajuste debe demostrar austeridad y equilibrio presupuestario para conseguir financiación exterior, sin ésta, vía eurobonos o mediante la utilización de fondos de rescate, no sirven para nada los ajustes, absolutamente para nada, es más, una reducción de gasto público como la prevista, tan grande y tan rápida, si se consigue, será a costa de frenar el crecimiento, lo que originará nuevo déficit.

 

Supongamos que se consigue la financiación, ya tenemos liberado a nuestro Sistema Financiero de su obligación de suscribir títulos del Tesoro, el maleducado ya no está en el autobús, menudo compromiso le hemos buscado a la banca, se le ha acabado la fácil forma de operar tomando dinero del BCE al 1% para suscribir Deuda al 4% y, por tanto, deberá asumir algún riesgo si quiere obtener beneficios, y seguro que quiere obtenerlos, está en su ADN, un banquero nunca es un filántropo, un Banco debe ganar dinero, es su obligación, porque, si pierde, no sólo pierde el dinero, puede perder su propia existencia. La desaparición de esa obligación (?) de ayudar al Sector Público debería liberar recursos para el Privado, aunque seguro que por sí sola no demasiados, los Bancos están destinando sus recursos a resolver sus propios problemas, no hay dinero, ni siquiera caro, para proyectos de empresarios y particulares pero abunda, y barato, para comprar los activos inmobiliarios que los Bancos han debido adjudicarse o creen que acabarán adjudicándose.

 

Para volver a ver crecer el flujo crediticio hay que resolver el auténtico problema de nuestra banca, el ladrillo, el conjunto de inversiones con respaldo inmobiliario que aparecen hoy como fallidas o muy dudosas, tanto de promotores como de particulares o empresas.

 

Para enfrentarnos a ese problema sentemos una primera premisa: Toda inversión inmobiliaria es altamente rentable si se prescinde del coste financiero de su mantenimiento, a contrario sensu, es muy difícil rentabilizar una inversión inmobiliaria financiada con capitales ajenos ¿estamos de acuerdo? Sí, ¿verdad? Pues sigamos.

 

Habría que estimar cuántos de los titulares morosos de los inmuebles que suponen tanto dolor de cabeza a los Bancos podrían atender el pago de bajos intereses en período de carencia si se viesen liberados de la obligación de amortizar principal y, visto el actual vareo colchonero, podemos estimar que quizás nos encontrásemos ante un porcentaje mayoritario. Bien, ya puestos a varear, vamos a varear en serio, ofrezcamos a todo deudor hipotecario la posibilidad de contratar, los nuevos clientes, o de novar, en el caso de los antiguos, su hipoteca a cincuenta o más años, con posibilidad de amortizaciones parciales y, si no se produjeren, con amortización íntegra al vencimiento, es decir cincuenta años de carencia en los que sólo pagaría intereses a tipo BCE, es decir al tipo al que el Banco obtendría fondos del BCE, más un punto, o sea, hoy por hoy al 2%. A lo mejor, de un plumazo, habíamos acabado con la mora y liberado una ingente cantidad de recursos hoy destinados a provisiones. Pero, además, podrían los Bancos recuperar del mercado toda su inversión titulizando esa cartera de créditos, que ya no serían dudosos.

 

¿Dónde estaría el negocio para los Bancos? En los intereses, que no siempre tendrían que ser bajos y en el establecimiento de unas altas comisiones de cancelación, anticipada o no, liquidable a modo del actual impuesto municipal sobre la plusvalía de fincas urbanas, que permitiera al Banco cobrar un porcentaje del incremento de valor de los inmuebles por él financiados cada vez que se transmitieran o cuando se cancelara total o parcialmente la deuda hipotecaria.

 

Sería una revolución del mercado inmobiliario español, de repente la frase tan repetida de que “mi casa es en realidad del Banco” sería un poco más cierta, a lo mejor la solución la teníamos en la Pérfida Albión y no nos habíamos dado cuenta.

 

En Londres es muy raro comprar una casa, como residuo feudal de tiempos en que los bienes raíces eran propiedad de la Corona o de los Señores, ahora, sus propietarios los venden en un falso leasing a 99 años, falso leasing porque, en realidad es una compraventa con pacto de retro a vencimiento, es decir, volverá automáticamente a propiedad del antiguo dueño a los 99 años, pudiendo en medio cambiar de mano cuantas veces se quiera, sólo que el comprador sabe que a su “leasing” le quedan x años. Lógicamente el precio varía en función de ese tiempo que resta. El invento funciona perfectamente. Pues bien, aquí sería igual de fácil cogerle el tranquillo a una compraventa de una casa que tiene una hipoteca de tanto dinero a tanto tiempo y cuya liberación cuesta tanto de comisión al Banco. En realidad son muy pocas las personas que viven 50 años en la misma casa, el mercado inmobiliario sería más ágil y seguro más barato, tanto en venta como en alquiler.

 

Un producto como éste, que nunca sería obligatorio, sino que conviviría con los productos hipotecarios y crediticios normales, obligaría a un cambio de normativa en el Banco de España, no muy difícil de redactar, y a un nuevo sistema de estudio del riesgo por la banca. Hay que analizar sólo la solvencia del cliente para poder pagar los intereses y la previsible evolución urbanística de la zona, de forma que el mayor problema que pudiera encontrarse el banco sería el de quedarse hoy con un piso en la Gran Vía al precio de 1962.

 

Seguro que existirán soluciones mucho mejores que las expuestas, pero, por favor, que quien las tenga las cuente pronto, porque por el camino que vamos no llegaremos a ningún sitio, en el mundo actual no cabe el oficio de colchonero ni tampoco tienen futuro sus imitadores.

 

Yo recuerdo que el placer de dormir en un colchón recién vareado disminuía cada noche y, al cabo del tiempo, era necesario volver a llamar al colchonero. Además, cada vez, era necesario llamarlo antes, porque la lana tendía a apelmazarse cada vez más rápido y, al final, era necesario comprar otro colchón.

 

Lo mismo pasa aquí, podremos varear una temporada, pero, si no compramos lana nueva, acabaremos durmiendo en el suelo. Si el Sistema Financiero no empieza a inyectar crédito nuevo a particulares y empresas ya podemos ir pensando en echar el cierre.

 

 

Joaquín Osuna Costa

Agente de Cambio y Bolsa

Notario

Abril de 2012


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