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DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO

NOTARIOS Y REGISTRADORES 2013

 
     

(pronunciado por el Ilustrísimo Señor don Julio Burdiel Hernández)

  

        Señor Presidente y señores integrantes de la revista “NOTARIOS Y REGISTRADORES”:

 

         El honor que implica el premio que me habéis concedido reclama algo de más enjuncia que unas sentidas gracias, que de corazón os doy. Vuestra generosa acción me impulsa a exponer con cariño una pertinente observación sobre nuestras muy apreciadas  carreras y la circunstancia personal que la motiva.  

         Antes, concededme un pequeño turno de parabienes. Me congratulo de que mi antecesor en el premio haya sido Antonio Ipiens, a quien admiro, con cuya amistad me honro y por cuya salud hago votos. También me es grato agradecer a José Félix Merino su extraordinario dinamismo y la capacidad de hacer fáciles y amables todos los pormenores que me han afectado con ocasión de este premio. Permitidme que diga que no hay mejor biógrafo que un amigo, cuya amistad tiene ya una andadura de casi cincuenta años. Gracias José Antonio. Y, por último, quiero poner de relieve la satisfacción de disfrutar de este acto rodeado de amigos y de mi querida familia.   

         En el plano personal, tengo que confesar que me siento tan orgulloso de haber sido Notario, como lo estaría si hubiera sido Registrador de la Propiedad. Ya que mi padre y un hermano de mi madre eran registradores, en mi familia se había fraguado el silencioso convencimiento de yo también lo sería. Pero ocurrió lo inesperado. El eco de un remoto y lejano caos nacional me privó de la posibilidad de intentarlo. La historia fue así. Al comienzo del verano de 1953, realizados los seis meses de prácticas de la Milicia Universitaria y cumplido el deber moral de cursar las cuatro asignaturas del doctorado que me imponía el disfrute de la beca que me había concedido la Universidad de Salamanca, me disponía a preparar oposiciones cuando mi padre me comunicó que un compañero suyo había realizado un estudio del que resultaba una situación preocupante. Cuando concluyese la oposición a registros que se estaba celebrando, pasaría mucho tiempo antes de que se convocara otra. La justificación que aducía era insólita. El ritmo de las oposiciones se había visto alterado como consecuencia del número de registradores que regresaron a España tras la desastrosa descolonización de Cuba y Puerto Rico. El  caso es que no hubo oposiciones a registros hasta 1959. Dado que yo tenía novia formal y el consecuente deseo de casarme, comencé a  preparar notarías, cuya oposición aprobé en el verano de 1956. El tiempo fue pasando y cuando se popularizó el llamado “Aleteo de la Mariposa”, o más exactamente “La Teoría del Caos” y supe que en 1977 se le había concedido el premio Nobel a su autor, recordé el suceso que me había afectado en 1953 y me interesé por el contenido de tal teoría. Ésta, en síntesis, plantea que el mundo, en sus diversas manifestaciones (físicas, sociales y sicológicas), no sigue un modelo absolutamente ordenado, sino que tiene situaciones o aspectos caóticos. La realidad es una mezcla de ambos. La situación económica actual nos ofrece abundantes ejemplos. Traigo esto a cuento porque puede ser de utilidad para examinar alguno de los avatares de nuestras carreras.

         Para ello, lo primero que procede es señalar el diseño común de nuestros respectivos cuerpos. Estoy convencido que la organización del Notariado y la creación del Registro de la Propiedad que realizaron en el siglo XIX los liberales moderados fue un acierto absoluto, que se sustenta en tres notas decisivas. Ejercicio como profesión privada de la función pública atribuida. Retribución mediante honorarios sin que el Estado soporte carga alguna. El servicio, salvo en casos concretos, es voluntario para el ciudadano, y su prestación obligatoria para el notario y el registrador. A la altura de nuestro tiempo, la medida del éxito de tal creación se refleja en el uso cotidiano de tales servicios.

          También es pertinente advertir que la verdadera realidad de ambas profesiones no es otra que la de ser dos de las múltiples instituciones que  conforman el Estado, por lo que  participan del fin propio de éste de crear un orden, lo más perfecto posible, para conseguir que los seres humanos convivan en un medio viable, evitando las pulsiones del estado de naturaleza. Es decir, la notaria y el registro de la propiedad son actividades de creación humana que contribuyen a la función sociopolítica de crear el orden y evitar el caos. Por tanto, participan de la verdadera esencia de la realidad social, en la que el orden y el caos conviven a la vez. Entendiendo por caos, en su manifestación social, la  situación de inestabilidad en la que incurre una acción que no cumple la finalidad para la que se creó, bien porque al crearla se desconoció o no se tuvo en cuenta toda la información requerida para tal acto, bien porque después de creada es afectada por circunstancias que no fueron previstas. Si la situación de inestabilidad se produce de forma limitada, el caos se reconduce al orden preexistente. Si por el contrario, la situación caótica es muy intensa, el mismo caos crea un nuevo orden, según nos enseña la historia.

          Aunque nuestras respectivas profesiones son una defensa contra el caos, eso no impide que, dentro de su propio ámbito, puedan incurrir en él ya sea por incumplir su función, ya sea por asumir funciones para las que no han sido diseñadas. En el primer caso, existen mecanismos previstos de antemano para corregir el incumplimiento. En el segundo, no existen tales mecanismos de corrección, porque asumir nuevas funciones es un acto de creación. La creación de una situación nueva no es una mera táctica para solucionar un caso concreto, es un acto de estrategia que reclama una mente capaz de configurar y prever lo desconocido, un acto arriesgado y difícil cuyo éxito nunca está garantizado.

        En la antigua Grecia cuando el intachable héroe sobrepasada los límites permitidos para la acción de un mortal, los dioses lo fulminaban. En la actualidad, pretender que una institución asuma con éxito funciones que no están previstas en su diseño inicial entraña la obligación de tener en cuenta tal cúmulo de datos, circunstancias colaterales de todo tipo y reacciones adversas que la posibilidad de un fracaso no puede descartarse. Y si éste sobreviniera, el caos sería tan intenso que daría lugar a la creación de un nuevo orden que, con toda seguridad, sería distinto y peor que el actual.

        Hago votos para que los integrantes de la revista se esfuercen en mantener la verdadera esencia de las dos instituciones.

         Muchas gracias por vuestra atención.

 

 

DISCURSO PREVIO

 DE OFRECIMIENTO

 
     

(pronunciado por el Presidente del Comité don José Ángel García-Valdecasas)

  

Excmo. Sr. Don Julio Burdiel Hernandez, queridos familiares de Julio que hoy nos acompañan, amigos y compañeros todos:

Me corresponde, como Presidente de la Comisión organizadora del Premio Notarios y Registradores, hacer la presentación del galardonado.

Ello es algo que siempre me cuesta trabajo hacer pues se tiene el peligro de no reflejar debidamente la personalidad del premiado, pudiendo además  caer en lugares comunes algo que no merecería la persona que hoy homenajeamos.

Pero después de leer la magnífica semblanza biográfica que de Julio ha hecho su amigo Jose Antonio Escartín Ipiéns, la tarea se facilita enormemente y la hago con placer y agrado.

Leyéndola detenidamente, no en lo superficial de las palabras, sino en el sentimiento y espíritu que se refleja en ellas, se ve que la historia vital de Julio es un verdadero testimonio de entrega, de solidaridad y una crónica o historia de amor.

Amor a la tierra que lo vio nacer, el Barco de Avila, Arcadia feliz como dice Jose Antonio, a la que siempre vuelve cualesquiera que sean las circunstancias de su vida. Allí a la sombra de las altas cumbres de Gredos construirá su hogar.

Amor a su familia representada en su inseparable esposa y compañera María Luisa, en sus hijos Isabel y Julio, familia hoy redondeada en sus nietas Cristina y Celia, futuro de su estirpe y seguras continuadoras de amor a la vida que siempre ha expresado Julio. Todos nos acompañan hoy y todos forman parte de la historia de Julio.

Amor a su profesión de notario, reflejada en un gustoso cumplimiento del deber y en una aceptación de todas las obligaciones derivadas de la misma. Profesión que le ha hecho recorrer España, dejando en todos sus destinos el grato recuerdo de la persona que hace de su labor un servicio a la sociedad y no un mero ejercicio egoísta en beneficio propio.

Amor a sus ancestros, sabiendo en todo momento cohonestar el respeto a las tradiciones familiares con su especial vocación de jurista y servicio público.

Amor a las Instituciones pues su paso por la Dirección General de los Registros y del Notariado dejo huella imborrable por su buen hacer, por su exquisita neutralidad, por su arrojo para afrontar los duros y difíciles problemas a los que tuvo que hacer frente, y por su acierto en la solución de los mismos. 

Amor a la vida corporativa de su profesión, puesta de manifiesto en su generosa y gratuita colaboración en todos los asuntos que afectaban al notariado. Participó en juntas de gobierno, fue secretario de la junta de decanos y fue miembro en numerosas comisiones preparatorias de los textos legales más próximos a su profesión, como el Reglamento Notarial o el Reglamento del Registro Mercantil que tanto ha contribuido a normalizar y reglamentar la vida corporativa de las sociedades, aumentando la seguridad jurídica tanto de socios como de terceros. Es de destacar en este aspecto su participación en la elaboración de la Ley 2/1994 de subrogación en los préstamos hipotecarios, ley que supuso una auténtica revolución para las instituciones bancarias, y que se hizo con la oposición de las mismas, beneficiando a los deudores hipotecarios y contribuyendo decisivamente al desarrollo económico de una concreta época de España.

Amor a las oposiciones, como medio menos malo de ingresar  en la profesión que ocupó toda su vida, habiendo sido primero opositor, después preparador de opositores, siendo también, lo que es un mérito sobreañadido, opositor entre notarios y miembro finalmente de Tribunal de Oposiciones sin que sucesos imprevisibles hicieran mella en su espíritu de servicio y de ayuda a los demás.

Amor a las nuevas tecnologías. En este aspecto  me llama poderosamente la atención la foto de Julio inserta en su semblanza biográfica en la que se le muestra delante de un ordenador, pero no sólo está delante sino que lo mira con afecto, como algo propio. Para mí es importante pues supone que Julio, como buen humanista, es un hombre de nuestro tiempo de forma que parafraseando a Terencio, podría decir que es hombre y nada de lo humano le es ajeno. Aunque a la vista de la carta manuscrita en la que nos agradecía el premio se ve que no abandona el ejercicio epistolar, mucho más seguro que el correo electrónico a la vista de algunos acontecimientos últimamente acaecidos que están en la mente de todos.

Amor a la sabiduría, con mayúscula, por sus innumerables estudios y trabajos de investigación, por su sentido común a la hora de proponer disposiciones legales, y por su afán incansable de aprender de todo y de todos. Pero amor que no se limita a lo específico de su profesión, como ocurre con mucha frecuencia, sino que se extiende y con aprovechamiento a las artes de la literatura y pintura, como medios de aprender y profundizar en nuevos conocimientos que después pone al servicio de todos. Por eso hoy a sus ochenta y tres años podemos decir que ha adquirido la verdadera sabiduría de la vida que da el haberla recorrido intensamente.

Amor a sus amigos, de los que ha dejado innumerables por todos los lugares que ha recorrido profesional y personalmente, encarnando la máxima de que si los árboles crecen por las raíces las personas, como Julio, crecen por los amigos.

Y amor en fin a su patria, recorrida por él de norte a sur y de este a oeste como notario, y en el ejercicio de sus múltiples responsabilidades, dejando en cada lugar recorrido un imborrable recuerdo por su fidelidad a la amistad, a la justicia y al derecho.

Podemos concluir esta breve semblanza remarcando que si la vida es un derecho, el derecho ha sido gran parte vida de Julio y por ello le agradecemos de todo corazón la aceptación de nuestro   premio y le deseamos, en unión de toda su familia y amigos, lo mejor y que el premio que hoy le concedemos sea el reconocimiento público -nuestro, de todos los aquí presentes, pero también de la comunidad de usuarios que como una telaraña construye la web- el reconocimiento público, digo, de toda una vida dedicada a los demás de la que se puede sentir satisfecho y orgulloso al repasar sus deberes y verlos todos cumplidos.

Gracias Julio y no nos olvides.

 

 

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