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Julio Burdiel Hernández

JULIO BURDIEL HERNÁNDEZ:

PREMIO NOTARIOS Y REGISTRADORES 2013

BIOGRAFÍA

CONTACTO

CARTA MANUSCRITA

LA VOZ DE JULIO

RAZONES PARA LA CONCESIÓN:

 

   El Equipo de Redacción de la web, tras amplias deliberaciones, ha acordado otorgar el Premio Notarios y Registradores, en su II Edición, al Ilustrísimo Señor don Julio Burdiel Hernández por su cualidad de Humanista de nuestro tiempo, con sed insaciable de lectura y escritura; Notario vocacional, que ha recorrido la piel de toro, fiel a su profesión; Director General, que intervino decisivamente para mejorar la condición de los deudores hipotecarios; Preparador de Opositores y Miembro de Tribunal, que estuvo a punto de dejar su vida en el Servicio, y Defensor de los derechos de los notarios jubilados y sus familias.

    El Presidente del Comité: don José Ángel García-Valdecasas.

  

  

BIOGRAFÍA EN DIEZ PASOS

(por José Antonio Escartín Ipiéns)

 

 1.- PREAMBULO

 

Premio NYR a Julio Burdiel.

La Dirección de la prestigiosa publicación telemática “notarios y registradores.com”, me ha hecho el honroso encargo de escribir sobre Julio Burdiel con motivo del Premio que dicho Medio le ha otorgado en su segunda edición. La primera fue para otro gran hombre, Antonio Ipiéns Llorca. Toda una responsabilidad para mí, porque la amistad que une a nuestros dos matrimonios me exige, a la vez, objetividad y mesura. No me sirve el artículo que le dediqué hace unos años en la Revista “El Notario del S XXI”, titulado “Un testimonio para Julio” porque su personalidad rebasa con mucho a mi testimonio.

 
  

Julio Burdiel Hernánez

 Julio y María Luisa

 

Julio Burdiel Hernánez

 

Lo primero que me ha sorprendido de este premio es la forma de designación del galardonado. Primera fase, periodo de propuestas de candidatos abierto a los usuarios de la página web; segunda, selección objetiva de los nombres más repetidos; tercera, votación entre los seleccionados. Todo ello mediante “Internet”. El más votado es el ganador. Increíble para los que hemos cumplido cierta edad, como increíble es el grado de difusión.

Por los métodos tradicionales la excelencia de un personaje no transcendía más allá de su familia, amigos, colegas de su generación y destinatarios de sus servicios. Hoy han votado y va a difundirse este merecido premio a Julio entre personas del mundo jurídico y de algunos otros ámbitos, de al menos tres generaciones, si entendemos por tal concepto lapsos de unos veinticinco años. En torno a 2.400.000 visitas anuales tiene esta página. Nada mejor puedo hacer en este momento que una crónica sintética de su fértil vida, una vida sencilla, pero ejemplar.

 

 2. ORÍGENES Y FAMILIA:

Todo empezó en el Barco de Ávila el día 7 de enero de 1.930. Hijo de un Registrador de la Propiedad, don Julio Burdiel Méndez que itineró su carrera por Fuerteventura, Grazalema, Vitigudino, Piedrahita (Ávila), Alba de Tormes y Arévalo; su madre, doña Maura Hernández Lopez-Huerta, hija de un Magistrado, falleció de una pulmonía cuando su quinto hijo, Julio, cumplía nueve meses. Previamente, el matrimonio había tenido cuatro hijos, Mª Isabel (licenciada en Física y en Química y Profesora Titular de Instituto de Matemáticas), Carlos (notario), Mª Dolores (Licenciada en Románicas y Profesora Titular de Instituto de Literatura), Manuel y el propio Julio (notarios). Un registrador, un magistrado y tres notarios, mas luego su yerno José Luís Lledó notario de Sevilla. Algún gen jurídico anda en el ADN de Julio

Sus diez primeros años transcurrieron en el Barco de Ávila, pueblo al pié de la granítica mole de Gredos y a la orilla del Tormes. Una infancia feliz en contacto con la naturaleza, con la libertad de movimientos de un chico de pueblo, sin los peligros del tráfico, que practicó los juegos sencillos (hoy perdidos), oyó el habla de los labradores y ganaderos; a los siete años aprendió a nadar en los fríos remansos del río y a montar a caballo. Todo ello arropado por su abuela paterna y tías.

Esa infancia feliz se completaría mas adelante con su novia y esposa María Luisa, hija del Médico de El Barco, don Domingo Jiménez García, a la que conoció con calcetines y hoy todavía inseparable esposa y compañera. Julio es un monógamo irreductible, de aquellos que Aristóteles en el comienzo de su “Política” señalaba como primera diferencia del griego sobre el bárbaro. De ese matrimonio celebrado el 26 de diciembre de 1.956, poco antes de tomar posesión de su primera notaría, han nacido cuatro hijos, Isabel y Julio que, con sus esposos José y Marga, estrechamente ligados al Barco le han dado dos nietas, Cristina y Celia que son el futuro de esa familia ejemplar. Las gemelas Maria Luisa y Lourdes fallecieron a los pocos meses de nacer y están muy grabadas en el corazón de sus padres.

El Barco de Ávila    
 
El Barco de Ávila


 
 Julio Burdiel Hernández
 
Julio, María Luisa y sus hijos Isabel y Julio
 

 

Julio Burdiel Hernández
 
  Julio, agachado, a la izquierda
 
 

          “- Hábleme de Descartes;

          - Descartes fue el primer hombre moderno;

          - ¿dónde ha aprendido eso?;-respuesta de Julio:

          - en don José Ortega y Gasset”.

Así siguió la conversación. El premio extraordinario en aquella reválida celebrada en la Universidad y con Catedráticos de la misma. Aquel estudiante de Salamanca tuvo tiempo para hacer deporte (futbol, baloncesto y frontón) y comenzó su afición a la lectura y al cine.

          3. ESCUELA Y BACHILLERATO

De esa época Julio recuerda a sus “maestros nacionales”, luego mal llamados, por poco tiempo, “profesores de EGB”, que le enseñaron a leer,  a escribir sin faltas de ortografía, y a practicar las cuatro reglas aritméticas que, junto con la de tres simple, son instrumentos imprescindibles para andar por la vida del noventa y nueve por ciento de los mortales que no nos dedicamos a la astrofísica. Con esos conocimientos de la escuela de pueblo aprobó aquel ingreso de bachillerato ante un Tribunal de Catedráticos de Instituto con ejercicios escrito (redacción, cuenta y dictado que no permitía más de dos faltas) y oral.

 

Un buen comienzo para afrontar el bachillerato de los siete cursos en los Hermanos Maristas de Salamanca, a donde se trasladó con su padre, hermanos y su queridísima tía Isabel. Era el año 1940, época de escasez y cartilla de racionamiento. Al final, medalla de oro del Colegio (única por cada promoción), y premio extraordinario en la reválida; de nuevo con los escritos de latín, matemáticas y redacción y los orales de ciencias y letras; nada que ver con la división que fuerza a un chico de catorce años a optar y limitar sus conocimientos a científicos o humanísticos. De aquel examen de reválida recuerda su diálogo con el catedrático Zamora Vicente, a saber:

 Julio Burdiel Hernández

 

 

  Julio Burdiel Hernánez
 

   

  4. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA.

 

Con estos antecedentes tuvo acceso, por medio de oposición, a una beca de seis pesetas diarias durante toda su carrera universitaria que le permitió saciar su sed de lectura e iniciar su biblioteca. Así accedió al Colegio Mayor Universitario Santiago Apóstol y a la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca en cuyo edificio principal estudió toda la carrera junto al Aula de Fray Luís de León y recibía las clases habitualmente en la Fray Francisco de Vitoria. Fue la última promoción que gozó de tal privilegio. Recuerda con cariño y respeto a sus maestros don Teodoro Andrés Marcos (Canónico), don Juan Iglesias Santos (Romano), don Francisco Elías de Tejada, (Filosofía del Derecho), don José Beltrán de Heredia (Derecho Civil), don José Antón Oneca (Derecho Penal), don Manuel Gordillo (Procesal) etc.

No había Departamentos de Cátedra, había Maestros que daban sus lecciones en clase y convivían con sus alumnos. Pero de paso iba voluntariamente a la Facultad de Filosofía y Letras a las conferencias y seminarios de don Antonio Tovar, don Alonso Zamora Vicente y don Fernando Lázaro Carreter, entre otros.  

Era la época de las tertulias de amigos de distintas disciplinas. Recuerda muy especialmente a quienes luego serían el novelista Luciano González Ejido, el notario Julio Arias Camisón, o el magistrado José Manuel Martinez Pereda. Fue en la Universidad cuando comprobó que era una nulidad para percibir la música. Sus deportes universitarios fueron largos paseos por Salamanca, senderismo por la Sierra de Gredos y en particular por la ladera Norte y las crestas que van desde el Almanzor al Pico de la Mira, ya en territorio de Arenas de San Pedro. De aquella época es el campamento en la milicia universitaria en Montelareina (Zamora) y los seis meses como Alférez de complemento en Salamanca en el Regimiento “La Victoria nº 28”.

  
Universidad de Salamanca 
 

Fachada-retablo de la Universidad, 1529-33



 

 Aula Fray Francisco de Vitoria
    
 

 

 

 
Julio Burdiel Hernánez
 

  

        5. JULIO, OPOSITOR.

 

Su época de oposiciones libres comenzó en Salamanca en 1953, al principio sin profesor, se tomaban mutuamente los temas con Julio Arias Camisón; luego continuó en Madrid preparado por dos grandes de dicha vocacional actividad, Jesús Vázquez de Castro y Manuel Tamayo.

 

Su sistema de preparación fue por vueltas completas al programa, preparación personal de los temas sobre libro básico con anotaciones al margen procedentes de otros libros, esquema de ordenación y desarrollo no siempre mimético sino con acusadas diferencias. Al final de sus tres años consiguió dar la vuelta al programa completo en un lapso de veinte a veinticinco días que le permitió afrontar aquel duro ejercicio oral único de la hora y media y los diez temas. La parte más triste de esta época fue que su padre falleció en 1.955 sin ver colocados a ninguno de su cinco hijos. Carlos sacó la oposición en Sevilla en 1956, Julio en La Coruña el mismo año y Manolo en Madrid en 1.957. Sus hermanas también obtendrían sus cátedras con posterioridad a la muerte de su padre.

 

 

 

 

      6. NOTARIO ITINERANTE.

En su ruta notarial procuró siempre acomodarse al lugar y a la manera de ser de sus convecinos. Por supuesto, residió en el pueblo, así que hizo amigos allí por donde pasó y tiene la nostalgia de haber desdibujado la relación con algunos de ellos por el inexorable paso del tiempo.

En Allariz (Orense) estuvo dos años, conoció a la Galicia profunda y su minifundio. Los testamentos tenían como objeto mejorar al hijo que quedaba en casa; pero también reconocer al hijo natural (es bueno reconocer la propia sangre, susurraba un testigo), o satisfacer el testador su vanidad “el funeral con no menos de doce Abades” (abad = cura) o el “unte por fora” al que le administraba la Extremaunción cuando le pedía que abriera la palma de la mano derecha que guardaba con energía la llave de la caja.

En esa época leía a Heidegger y vió reminiscencias existencialistas en la manera de pensar de muchos de los paisanos, como en aquel que, previamente a hacer testamento le contó al notario, en una habitación vacía, las diversas profesiones que había tenido durante su periplo por muy diversos países.

- Y, ahora, ¿cuál es su profesión? - le pregunto el joven notario.

- La de prepararme para morir- fue la respuesta.

 

 

En Villarcayo (Burgos), estuvo cinco años. Recuerda el apego que tenían los vecinos al municipio al que pertenecían (lo que viene a cuento por el actual debate sobre la posible reducción de entidades locales). También recuerda la extremada limpieza de la habitación del enfermo cuando iba a redactar el testamento “in articulo mortis”, el riguroso principio de igualdad entre los hijos con la excepción de la hija soltera o del enfermo para mejorarles, o la legítima estricta para el fraile o monja;  el cura secular era tratado con igualdad. Allí mantuvo con el Juez don Jerónimo Arozamena, una academia de preparación de opositores.

     

  

En Nájera (La Rioja), residió ocho años, junto a Santa María La Real donde están enterrados los Reyes de Navarra, hasta incluso Sancho el Mayor, y sus aledaños San Millán de la Cogolla y Valvanera.

Recuerda cómo los agricultores donaban en vida su patrimonio evitando al máximo la herencia. Se reservaban el usufructo que luego arrendaban a los hijos por una modesta cantidad que les permitía tener ingresos autónomos. De este modo el campo siempre estaba cuidado por brazos jóvenes y en el propio interés.

Fue durante su estancia en esta ciudad cuando preparó las oposiciones restringidas entre notarios con trabajo individual y en grupo (es curioso saber que entre los de cada grupo se veía siempre al amigo no al competidor).



 

Allariz


 

Villarcayo


 

Nájera 

 

 

L´HOSPITALET  DE LLOBREGAT    

        

MADRID: Ayuntamiento y Cibeles.

      7. CATALUÑA Y MADRID

Pasó de una notaría de tercera a L´Hospitalet de Llobregat (Barcelona) en 1.971, tras obtener el nº 2 en las oposiciones restringidas. Allí formó despacho con otro gran notario como es David Perez Mainar y también mantuvo gran amistad con el tercer notario de dicha ciudad, el inolvidable y bueno Joaquín de Prada y González.

 

L´Hospitalet experimentaba en ese tiempo un extraordinario crecimiento hasta alcanzar los 200.000 habitantes, principalmente de inmigración andaluza y aragonesa. Pocos castellanos. Todo el mundo, incluso los catalanes de origen, hablaban  castellano como lengua usual. Se construían pequeños edificios por antiguos albañiles que en más del 90% eran de gentes de la inmigración. Hasta 1975 no había hipoteca, la venta se hacía en documento privado, el comprador aceptaba letras de cambio y al terminar el pago se otorgaba la escritura; luego entraría la condición resolutoria y al final el préstamo hipotecario de las Cajas de Ahorro. En esa época la banca no estaba en ese mercado.

 

En 1982 hubo de tomar una difícil y premonitoria decisión. Dejar con agradecimiento y nostalgia la culta, prospera y hospitalaria Cataluña y emprender el regreso a Ítaca del ya curtido navegante. El Barco, Gredos, el Tormes y su fuerza atractiva, con parada y fonda en el Madrid de la Democracia recién estrenada.

 

En Madrid ejerció durante dieciocho años. El Madrid que acoge y diluye. Un Madrid y una España en rápida y profunda renovación. Siguió las señas de identidad de un notario cabal, a saber, abrir las puertas del Derecho al ciudadano, con ciencia, honestidad, independencia y trabajo. Acusó el esfuerzo de los constantes desplazamientos a cualquier punto de la ciudad para autorizar testamentos, actas; mantuvo la inmediación entre el ciudadano y el notario cuando así era requerido, y también con el abogado tradicional y el de las organizaciones colectivas, dialogó amistosamente con los registradores, preparó a los opositores en los ejercicios prácticos.

 

 

 

 

 

Julio Burdiel Hernánez    

    8. SU VIDA CORPORATIVA.

La participación de Julio en la vida corporativa ha sido intensa con generosa y gratuita colaboración a los asuntos que afectan a la organización interna del Notariado y su relación con la Sociedad. Fue vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de Burgos, cuando su territorio comprendía seis provincias; participó activamente en el Colegio Notarial de Cataluña, allí su voz era escuchada con respeto y su ausencia causó dolor; fue Secretario de la Junta de Decanos (actualmente Consejo General del Notariado) bajo la presidencia del tristemente desaparecido Roberto Blanquer. Afrontó la crisis planteada por un proyecto de Ley de Tasas que procedía de iniciativas de los ministerios económicos y logró del entonces Ministro de Justicia Fernando Ledesma mantener el sistema de arancel, como garantía de la independencia, eficacia del servicio al ciudadano y moderado coste para éste y muy rentable para la Hacienda. Estuvo en las Comisiones redactoras de las reformas del Reglamento Notarial. Su dedicación mereció reconocimiento otorgándosele la Cruz de San Raimundo de Peñafort Distinguida de primera clase y luego la de Honor.

Intervino en el Tribunal de oposiciones de notarías donde el 15 de enero de 1.985 sufrió un atentado que estuvo a punto de costarle la vida y con duras secuelas para su salud.

En 1990 se presentó a las elecciones para Decano del Colegio de Madrid, siendo batido en disputada competición por José María de Prada.

  
   
Julio Burdiel Hernánez

 

 

 

   
   9. DIRECTOR GENERAL DE LOS REGISTROS Y EL NOTARIADO.

  

Su etapa como Director General de los Registros y del Notariado entre los años 1993 y 1996 merecería por si sola todo un tratado. Exigió de él toda su capacidad de talento y de trabajo en medio de grandes dificultades. Se había desmantelado el Cuerpo de Letrados que eran toda una Institución en el panorama de la Administración española; pudo suplirse por la colaboración voluntaria y gratuita de un grupo distinguido de notarios y registradores; y por qué no decirlo, por la carga de trabajo que soportó Julio y -soy testigo de ello-, cuando tenía que suspender nuestras tradicionales salidas de los viernes al cine, porque le habían puesto un toro que había que tener lidiado el lunes.

En la Dirección recibió y escuchó a todo el que lo pidió, ordenó que se tramitaran rigurosamente por su orden los expedientes, fue inflexible a la hora de mantener el turno de concurso de notarías y registros, propuso y llevó a cabo una demarcación notarial y otra registral. Fue muy bien recibido por los funcionarios y subdirectores de la Casa.

El enunciado de su actividad supera esta crónica. Pero es de justicia hacer una síntesis: Supervisó y armonizó el recurso gubernativo con reuniones colectivas de los letrados, resolvió con independencia asuntos espinosos como el de la renovación de los Auditores; gestionó 52.000 expedientes de nacionalidad, recursos del Registro Civil, tramitó expedientes disciplinarios de notarios y registradores, y redactó multitud de informes. Aprobó  nuevos programas de oposiciones de notarias y registros; resolvió la cuestión de la Mutualidad de los Registradores por Orden Ministerial y impulsó la creación de los Decanatos Autonómicos.

 

 
 Julio Burdiel Hernánez
 
 
   

    

 Julio Burdiel Hernánez

  

 

Destaco entre otras muchas las siguientes: Su participación activa en la redacción de la Ley 2/1994 de 30 de marzo que fue una liberalización del sistema del crédito hipotecario; es de justicia resaltar que su impulso político y trabajo técnico en la redacción de esta Ley, determinó un antes y un después en la liberalización del préstamo hipotecario, propiciando que un prestatario que había aceptado condiciones duras en una época de tipos de interés elevados, pudiera cambiar de banco a un costo simbólico, sometiendo a las Instituciones Financieras a las reglas del Mercado. Además de esa importante Ley hizo un seguimiento de la tramitación parlamentaria de la Ley de Sociedades de Responsabilidad Limitada; nombró y presidió activamente los trabajos de la Comisión de redacción del Reglamento del Registro Mercantil; sin olvidar su participación en ciertas reformas del Código Civil y Ley del Registro Civil, en materia de matrimonio, nombre, apellidos y nacionalidad, por citar las de mayor transcendencia.

Tuvo que afrontar dos graves fracasos: Su proyecto de incorporación del cuerpo de Corredores de Comercio en el de Notarios que le fue encargado por los Ministerios de Economía y Justicia, no llegó a feliz término por falta de impulso político; y el proyecto sobre la Reforma de la Mutualidad Notarial, elaborado conjuntamente con la Junta de Decanos de los Colegios Notariales que presidía el Decano de Madrid, don Antonio Pérez Sanz, tuvo la oposición de un reducido grupo de notarios de Barcelona (hay que decir que no eran catalanes) que provocó la inacción de la entonces Secretaria de Estado de Justicia y por lo tanto de su viabilidad.

 


 Julio Burdiel Hernánez
 
 Julio Burdiel Hernánez
 Julio con su nieta Cristina en
El Barco de Ávila

 

 

    10. JULIO, UN HUMANISTA SIEMPRE ACTIVO.

 

Habrá que poner punto final a esta apretada síntesis que no es sino un ligero esbozo de la personalidad de Julio. Ya tenemos a Julio jubilado desde enero del 2.000. Ocio, cine, lectura, amistades y familia; compartida con el infatigable trabajo que los médicos imponen a los jubilados. Y una dedicación muy especial de su tiempo, junto con otros compañeros, y cito especialmente a Antonio Pérez Sanz y Antonio Francés y de Mateo, José María Segura Zurbano a la causa de jubilados y viudas de los notarios titulares de derechos pasivos que habían adquirido con sus aportaciones y cuyo reconocimiento y prestación ha sufrido y sufre todavía toda clase de abusos, dilaciones, indiferencia e incomprensión.

 

Me falta una última consideración, posiblemente la más importante de su personalidad, Julio es un Humanista, así con mayúscula. Lector infatigable, sus preferencias van por la Literatura en general, y dentro de ella, la Novela, la Historia, la Filosofía y últimamente, el Universo, su evolución y la mente. Es de toda la vida un cinéfilo y tiene afición por la pintura que incluso en su Barco querido practica en el tiempo de vacaciones de verano.

 

Como escritor tiene dos novelas, inéditas, la primera extensa habrá de trocearla para que encuentre editor, la segunda más corta. Sus objetivos son la claridad y la libertad. Prefiere la imaginación, rechaza la fantasía. Le he escuchado decir que nunca se ha sentido más libre que escribiendo una novela, no hay límite de tiempo, espacio, tema, puede incluso entrar en lo más profundo del hombre. En suma el novelista es espíritu puro. Recuerda con emoción como fue recibido por Don Pío Baroja en dos ocasiones, durante el invierno de 1949-50, en su domicilio de la calle Ruiz de Alarcón de Madrid. Le pudo expresar al Maestro sus ilusiones y recibió de él sabios y afectuosos consejos.    

 

Pero ante todo y sobre todo, Julio es un ser humano con valores de ejemplaridad. Por ello me parece justo, equitativo y saludable que “notariosyregistradores” y toda la masa de redactores y usuarios que hay detrás de esa denominación le rinda homenaje y difunda su figura.

  

Madrid a 10 de febrero del 2013.

José Antonio Escartín Ipiéns. Notario jubilado y amigo de Julio.

José Antonio Escartín Ipiéns

 

 

MENSAJES DE NUESTRO HOMENAJEADO:

  

Carta manuscrita de Julio Buediel Hernández.

 

LA VOZ DE JULIO

 

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