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DISCURSO DE ENTREGA DEL I PREMIO NOTARIOS Y REGISTRADORES

AL ILMO SR DON ANTONIO IPIÉNS LLORCA

 

(pronunciado por el Presidente del Comité don José Ángel García-Valdecasas)

El premio que hoy nos convoca y a cuyo nacimiento asistimos es un premio humilde pero que se honra reconociendo y homenajeando a una gran persona, que lo es porque tiene la grandeza de la naturalidad y la sencillez; una persona sabia porque ha ido acumulando ingentes conocimientos a lo largo de su dilatada existencia, y una persona plena porque ha colmado su vida con la puesta al servicio de los demás de su sabiduría y sentido común.  

Hoy nos reúne algo muy grato para todos nosotros: la entrega del I Premio Notarios y Registradores al Ilmo. Sr. D. Antonio Ipiéns Llorca.

Decía Aristóteles que “el principio es más de la mitad de todo”. Creo, creemos en el Comité Organizador del Primer Premio NYR, que hoy se ha cumplido en su plenitud este principio y ello por una doble razón.

Porque se trata del inicio de algo en lo que hemos puesto una gran ilusión y que esperamos que se consolide y gane prestigio con el tiempo, y en segundo lugar porque la categoría humana y profesional del premiado así lo corrobora.

Tanto es así que podríamos decir de corazón que no es un premio para el galardonado, sino que la categoría del galardonado es la que  prestigia al premio.

El espíritu, el Ideario de la web notariosyregistradores.com, es, en uno de su principales aspectos, el de establecer una íntima y estrecha colaboración entre la dos profesiones que en España más fielmente representan el principio de seguridad jurídica preventiva.

Y nadie mejor identifica  ese espíritu y ese Ideario que nuestro primer premiado Don Antonio Ipiéns.

Es usual que estos actos se inicien con una breve biografía del homenajeado.

Aunque quizás por lo íntimo de la entrega de premio que hoy llevamos a cabo,  estos datos son casi innecesarios pues todos conocemos y más su familia aquí presente la historia de Don Antonio.

No obstante no quiero prescindir, aunque se brevemente, de recordar los hitos que jalonan su fructífera vida humana y profesional.

ANTONIO IPIENS LLORCA nace en Murcia el martes 13 de marzo de 1923, de familia aragonesa por parte de padre (Biescas, Huesca) y murciana por parte de madre (Águilas, Murcia). Sus mismos orígenes nos delatan ya facetas de su rica personalidad. Por un lado la tozudez, en el sentido amable del término de porfía,  en la consecución de las metas que se ha trazado, y por otra la laboriosidad y el ingenio que caracterizan el levante español.

Ambos progenitores eran universitarios –circunstancia poco frecuente en España en los inicios el siglo XX– y el padre había ganado su Cátedra de Química en la Universidad antes de cumplir los veintiún años.

Apenas un año después de su nacimiento la familia se traslada a Valencia y en esta Ciudad comienza sus estudios de Primera Enseñanza en la Alianza Francesa. Al cumplir los diez años inicia el estudio del Bachillerato con los Hermanos Maristas, algo que nos une, y se examina en el Instituto Blasco Ibáñez como refrendo oficial de la enseñanza privada recibida; durante la Guerra Civil lo prosigue en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pamplona en los cursos cuarto, quinto y sexto; ya de regreso a Valencia, aprueba en el Instituto Luis Vives el séptimo curso; y hace la Reválida, verdadero examen compilador de conocimientos que ahora se echa en falta,  en la que obtiene el Premio Extraordinario.

Inicia también en esta ciudad la Licenciatura de Derecho en la que aprueba el primer curso con Matrícula de Honor en las tres asignaturas y, ya en Madrid desde el segundo Curso, la concluye con igual brillantez en el año 1945.

Inicia su preparación de las oposiciones a Notarías, que completa  en Águilas (Murcia) bajo la tutela del Notario Don Antonio Briones Barbero.

Convocadas en 1948 Oposiciones en Burgos para cubrir trece plazas –once en el Colegio, y dos más en el de Pamplona, a las que se presentan 269 opositores–, obtiene plaza correspondiéndole  la notaría de Orduña (Vizcaya) de la que toma posesión el día 3 de febrero de 1949. Permanece en la ciudad casi dos años, hasta que obtiene por concurso de traslado la plaza de Mengíbar (Jaén, en el Colegio Notarial de Granada) y de la que se posesiona el 22 de noviembre de 1950.                          

A partir de aquí y para satisfacer sus deseos de servicio público, ingresa en el prestigioso Cuerpo Facultativo de Letrados de la Dirección General de los Registros y del Notariado tras ganar su plaza en el Concurso de méritos de 1954. Aparte de ello imparte clases de Derecho Civil en ICADE, y fue secretario durante más de diez años de la Sección de Mercantil de la Comisión General de Codificación, lo que le hace conocer más a fondo, si cabe, todo el derecho privado español incluso en su fase de gestación.

Y cesa en el Ministerio en 1988, año en el que toma posesión del Registro de la Propiedad número 37 de los de Madrid, y se jubila como Registrador el 22 de marzo del año 1993.

Vemos por tanto que ha sido notario, seis años, registrador de la propiedad, cinco años, pero sobre todo Letrado de la DGRN durante más de 32 años. Esta última faceta del premiado ha sido cardinal en su vida profesional y desde ella ha ejercido un indudable influjo en ambas profesiones. Esta tripleta de funciones o profesiones es lo que Antonio llama en uno de sus escritos más clarividentes una trinidad. Por todo ello nos dice “ha de existir una gran compenetración entre los tres Cuerpos que tienen la función de garantizar la seguridad de las relaciones jurídicas, cada uno dentro de su competencia propia, pues son tres Cuerpos distintos y una sola función verdadera”.

Con razón  expresó, en alguna otra ocasión, quién mejor que él para saberlo, que debe existir también una gran concurrencia y colaboración entre los dos Cuerpos que tienen esa función de garantizar la seguridad de las relaciones jurídicas, pero cada uno dentro de su competencia propia, la que histórica y legalmente le corresponde. Todo lo que sea salirse de esa competencia redundará en perjuicio de ambos y por contaminación en el ámbito de la seguridad que le es propio.

Por ello, tras unos años en los que por diversas causas ha reinado en nuestras dos profesiones un ambiente que no era el más propicio para la sincera colaboración y para la prestación eficaz del servicio público que nos está encomendado, ahora es el momento de reivindicar firmemente la vuelta al espíritu de concordia que ha sido y debe seguir siendo la nota característica de nuestra actuación como juristas y como funcionarios públicos y ello pese a posturas individuales que nos deben hacer ser más insistentes todavía en el fin perseguido.

 
 BIESCAS. SANTA ELENA



 AGUILAS


Orduña


Mengibar

 

Aunque en la DG se llevan a cabo múltiples actividades y funciones, creemos que la que tiene más relevancia frente al exterior y la que más influjo ha ejercido en el derecho privado español ha sido la de sus resoluciones en recursos contra calificaciones de registradores de la propiedad y mercantiles. Y aquí el premiado tienen mucho que decir pues una de sus más feraces funciones dentro de la DG ha sido la de redactar las propuestas que después veían la luz en el BOE en forma de resoluciones de la DGRN.

Cuando estudiábamos el valor de estas resoluciones de la DG siempre aclarábamos que no constituían verdadera jurisprudencia pero que su autoridad derivada  de sus indudables aciertos, siendo citada su doctrina en nuestros más altos Tribunales.

Para nosotros, notarios y registradores, en los años en que comenzamos nuestra andadura profesional,  la DG era algo más que nuestro superior jerárquico. Era nuestra guía, nuestro oráculo, nuestra consejera, la mejor forma de solucionar nuestras dudas, la forma de poner fin a las amables discusiones entre compañeros sobre casos difíciles que se nos presentaban en nuestros despachos. Todo cuestión entre notarios y registradores o a veces entre los mismos miembros de ambas profesiones, se terminaban, por los de mejor memoria, con un lo ha dicho la DG y ahí terminaba todo. Lo destacamos pues, como hemos señalado, a ello han contribuido grandemente personas como nuestro homenajeado con su labor diaria en la DG a través de sus bien fundamentadas resoluciones. Esperemos que con cordura y buen hacer volvamos en los próximos años a la senda que nunca debió abandonar la DG corrigiendo lo que sea necesario corregir y recuperando en tantas cuestiones el buen sentido jurídico que nunca se debió perder. Ello no supondrá en ningún caso una labor parcial, sino muy al contrario deshacer la posible labor partidista que nunca debió presidir la labor de nuestro Centro Directivo.

No puedo terminar estas palabras sin destacar otros dos aspectos muy importantes en la vida del premiado.

De una parte su humanismo personal y cultural y de otra su labor como Presidente y miembro de Tribunales de oposiciones de notarías y registros.

Antonio tiene una gran afición a la música, a la pintura y escultura, a la lectura y una gran pasión viajera. Ello ha hecho que sus horizontes intelectuales no se hayan limitado a lo jurídico, sino que sobrepasando el ámbito de su profesión, sea un verdadero experto en dichas artes, con las que disfruta y ha hecho disfrutar a todos sus amigos y compañeros.

Y como Presidente y miembro de Tribunales de las oposiciones a registros y notarios siempre se ha caracterizado por su carácter cordial, por su ayuda constante al opositor de forma tal que impregnaba ese trance, tan duro como todos sabemos, que es una oposición, del cariño que lo cohonestaba en inteligente mixtura, con la seriedad, justicia y equidad que debe presidir todo el proceso.

 Podemos concluir que por todas las razones anteriores la aceptación del premio y de su destinatario hayan sido unánimes entre los miembros de nuestra comunidad jurídica, pues en la realidad nadie que haya acudido a Don Antonio en busca de consejo o ayuda ha sido defraudado y por ello el sentimiento de cariño, simpatía y gratitud hacia él ha sido unánime.

Enhorabuena para Antonio y para su familia, gracias por tu gran obra, y nuestro eterno agradecimiento por la aceptación de este primer premio de notarios y registradores que no ha podido tener mejor comienzo y que deja muy alto el listón para futuras ediciones.

José Ángel García Valdecasas, Presidente del Comité.

 

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