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CÓMO SOLUCIONAREMOS EL PROBLEMA DEL PARO

(nueva versión ampliada del artículo)
 

Daniel Iborra Fort, Notario de Vilafranca del Penedès (Barcelona)

 

 

El problema del paro gravita sobre la sociedad española con una intensidad que no se da en otras sociedades. Pero lo más preocupante es el pesimismo que se detecta en la clase política y la opinión pública sobre las posibilidades de afrontar con éxito la resolución de esta lacra social.

El incremento del paro ha sido uno de los factores determinantes del crecimiento del gasto y del déficit público. El paro compromete otras necesidades sociales: seguridad en el trabajo y remuneración adecuada del mismo, promoción y desarrollo personal y profesional, nivel de seguridad pública, solvencia del sistema de seguridad social.

Es de destacar el despilfarro de recursos humanos que supone, especialmente de las generaciones jóvenes con una preparación mas adaptada a las actuales necesidades técnicas, y la insatisfacción social y política que genera, creando una masa desarraigada y propensa a comportamientos radicales.

Sin embargo, en otras sociedades, este problema va encontrando solución como es el caso de Brasil que ha desarrollado una política exitosa en la potenciación del vivero de creación de actividades empresariales, que han sacado de la miseria a millones de ciudadanos y han elevado al país a un nivel de desarrollo envidiable.

Porque la creación de empleo en las Economías Modernas va ligada especialmente a la afloración continuada de nuevas empresas pequeñas y medianas. Estas utilizan más intensamente mano de obra, y con la generación de beneficios se van capitalizando. En consecuencia, la generación de empleo no la realizan los que son empresarios, sino fundamentalmente los que no lo son y deciden serlo, ya que los avances tecnológicos ofrecen suficientes medios a los antiguos empresarios para incrementar la producción sin que lo hagan la plantillas.

Esto se agrava en etapas de recesión en que las empresas trabajan a medio gas, entonces, crecimientos de un 3% o superiores no servirán para crear empleo a corto plazo. Sólo después de un largo período de crecimiento continuado e intenso que eleve la facturación a niveles anteriores, se plantearán los actuales empresarios ampliar el número de trabajadores, sólo si el marco legal sobre la ocupación lo incentiva y no lo impiden las innovaciones tecnológicas.

En cuanto a la creación empresarial, ésta depende de la recuperación de los mercados que alimentan las expectativas de rentabilidad, porque, salvo casos de novedades de éxito, difícilmente se acometerán nuevos proyectos si los anteriores no pueden colocar gran parte de su producción.

Y, en nuestro caso, la creación de puestos de trabajo ya no podrá venir de la fuente principal que abasteció  el mercado laboral en la última expansión, la construcción, sino del incremento de la competencia de nuestra producción  y, para ello, hace falta un trabajo más cualificado y un profundo cambio de política económica. No hacen falta ni los mismos trabajadores ni la misma preparación técnica para hacer casas que para hacer cosas (bienes y servicios) competitivos internacionalmente.

Pero para conseguir una buena cosecha de estímulos empresariales, es preciso que las condiciones ambientales lo propicien. Creo que hay una relación determinante entre el marco empresarial y el número de vocaciones. Cuanto más favorables sean las circunstancias que inciden en la decisión empresarial, mayor número de personas acometerán iniciativas productivas.

Para lograr que un gran número de ciudadanos, y entre ellos los más inteligentes y preparados, se decidan a iniciar actividades empresariales, perdiendo a veces un puesto de trabajo fijo e invirtiendo su tiempo, su patrimonio y su esfuerzo físico, éstos han de tener una compensación social y económica adecuada.

El tipo de compensación varía según el carácter, los hábitos y las normas de las sociedades. Cada sociedad tiene un punto de equilibrio diferente, no es igual, por ejemplo, una sociedad perezosa que una trabajadora. Pero en todas ellas el incremento de incentivos produce efectos positivos en el ánimo de los agentes económicos.

Sin embargo, si se va mermando el beneficio esperado, mediante el incremento de gastos sobre el inicio y desarrollo de la actividad, renta anual, patrimonio invertido en la empresa, transmisión de bienes ínter vivos y en el momento de la sucesión familiar, es lógico que la intención social para iniciar actividades empresariales, se acomode a este cambio de rentabilidad. Cada vez encontraremos menor número de ciudadanos dispuesto a asumir riesgos empresariales.

Si empresas con tradición y seriedad reconocidas, con clientela consolidada , con productos de éxito y con patrimonio, se han visto abocadas al cierre por falta de financiación, siendo una de las principales causas del gran crecimiento del paro ¿cómo se van a financiar, para iniciar sus actividades, las nuevas? Hace falta una reordenación de los recursos financieros dirigiéndolos preferentemente a las actividades productivas, único camino para que, con el crecimiento de la renta y el trabajo, el sector público reduzca sus gastos de atención al desempleo  e incremente sus ingresos, para financiar sus funciones esenciales.

Y si la reducción de beneficios va acompañada del aumento de la complejidad administrativa en la gestión del empresario y de la responsabilidad del mismo, de problemas laborales, de una actuación del sector público poco favorable, de un deterioro general del entorno económico que incide en la solvencia de clientes y proveedores, e incluso no hay un reconocimiento social adecuado, están creadas las condiciones para la castración de la actividad empresarial.

Mientras las estadísticas sobre el número de autónomos y pequeños empresarios continúen ofreciendo, como actualmente, un resultado negativo, es imposible técnicamente que el paro se reduzca. Cualquier declaración optimista sobre el tema tendrá un vuelo tan corto y generará tanta frustración social como las que le precedieron sobre que la crisis internacional no nos iba a afectar, que estaba próxima la recuperación o las de que íbamos a estar en la elite mundial superando a las economías más competitivas .Sólo cuando el número de emprendedores esté por encima de los que cierran, la tendencia al desempleo cambiará de dirección. Y para ello se han de dar las condiciones legales y económicas propicias y que el motor de la confianza empresarial , hoy en mínimos históricos, se ponga en marcha. ( ver nuestro artículo anterior “ ¿TIENE ALGÚN FUTURO ESPAÑA?”)

Si la reducción de la capacidad productiva y laboral fuera compensada por las aportaciones de los que claman por la eliminación o reducción de los beneficios empresariales u otro grupo de ciudadanos desinteresados, el nivel de vida y de empleo de la población no se resentiría, pero esto no siempre sucede.

 

DANIEL IBORRA FORT,

*Artículo publicado en el Nº 2/10 de la revista LA NOTARIA, con el título “MARCO LEGAL EMPRESARIAL Y DESEMPLEO “

 

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