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CÓMO EVITAR LA QUIEBRA DEL ESTADO DEL BIENESTAR
 

Daniel Iborra Fort, Notario de Vilafranca del Penedès (Barcelona)

 

 

La política distributiva fue uno de los pilares de la llamada ideología de los sesenta, que tanta influencia tuvo en nuestros ciudadanos que posteriormente asumieron la categoría de gobernantes.

Inicialmente, era una política de un gran atractivo social pero, a medio y largo plazo, se comprobó que su funcionamiento distaba de responder a las esperanzas creadas.

En efecto, la distribución pone en relación dos ventanillas, la de los aportantes y la de los receptores.

La función de aportación, está alimentada por el sector productivo y todos los que con él se relacionan. Este sector es el motor de la riqueza nacional que pone en marcha el circuito de la solidaridad y de que funcione bien o mal depende que se amplíe o reduzca la cola de aportantes o receptores.

Es una economía competitiva la que garantiza, con su prosperidad, la financiación de los servicios públicos y no la buena voluntad de los políticos ni la cantidad ni la violencia de las protestas sociales.

Luego viene la función de mediación, que corresponde al sector público, en la que se ingresan y retiran cantidades y el resto acaba distribuyéndose entre grandes capas de la población (desempleados, jubilados generales o anticipados, viudas y huérfanos, desempleo agrario, programas de ayuda y formación de jóvenes sin trabajo...).

El sistema funciona bien mientras haya un equilibrio entre ambas colas y el sector público gestione eficientemente los recursos, con unos gastos de intermediación ajustados y utilizando y motivando a verdaderos profesionales de la función pública y a los gestores empresariales más cualificados para la prestación de las funciones públicas. Una gestión austera incrementa el número de recursos para la financiación de las necesidades sociales, como una despilfarradora los reduce.

Como comentamos en el artículo ¿ES EL ESTADO UN GESTOR EFICIENTE?, en el circuito fiscal hay tres etapas que merecen la misma atención social y la misma responsabilidad, la aportación de los contribuyentes, la gestión de los recursos públicos y la prestación de los servicios sociales. Creemos que las dificultades financieras de muchos Estados se deben, fundamentalmente, a la falta de control del gasto público. Muchos dirigentes han utilizado los recursos destinados al bienestar común con una falta de prudencia y diligencia extremas y hasta con finalidades partidistas y electoralistas siendo, en esta etapa, donde encontraremos, seguramente, la causa principal de la gran catástrofe fiscal actual y donde deberían centrarse los futuros esfuerzos para salir de ella.

 En el momento que se descompensa por la abundancia de receptores, el sistema entra en quiebra.

Es fundamental que la gobernación la desempeñe gente con sentido de Estado que anteponga los intereses generales a los particulares del grupo dirigente. Según la vía que se escoja, las decisiones tienden a parecerse aunque procedan de ideologías diferentes ya que, el comportamiento humano reacciona, en todos los espacios geográficos y políticos, de manera similar. Incluso dentro del mismo círculo político, no son iguales ni han producido los mismos efectos sobre el nivel de vida de la población, las políticas económicas de CHINA o BRASIL en comparación con  las de CUBA y VENEZUELA.

Recurriendo a la simplificación, para hacerlo más comprensible, en los sistemas democráticos, hay dos tipos de gestores públicos, los que tienen como objetivo preferente resolver los problemas que más preocupan a los ciudadanos (ejm. el paro y el progreso económico) y los que sólo piensan en ganar las próximas elecciones.

 Las decisiones de los primeros van dirigidas a mejorar la calidad de la preparación técnica y potenciar el espíritu de trabajo de la población, utilizando inteligentemente todo tipo de recursos y perfeccionando el sistema legal, para incrementar la competitividad de la economía y con ello el nivel de vida de la población y las de los segundos vendrán determinadas por sus intereses electorales. Salvo que se vean obligados, será difícil que tomen una decisión que afecte a su cuota de votantes, aunque sea fundamental para el futuro de la ciudadanía. Su política se acaba convirtiendo en superficial (no va al núcleo de los problemas), cortoplacista (hasta las próximas elecciones), egoísta (sólo se aprueba lo que beneficia electoralmente al partido dirigente) y demagógica (intentando camuflar su responsabilidad). Al final, acaban propiciando que sean los mercados los que determinen la competitividad de su producción con profundas y continuadas devaluaciones de sus monedas y si los países están en zonas en las que esto no se puede hacer (ejm Unión Europea) , en reducciones de precios y de rentas, en porcentajes similares.

En Economía, los errores de gestión se acaban pagando, aunque los costes y la responsabilidad, de momento, no se repartan de una forma equitativa.

 Si, a la vez que se intenta aplicar un ambicioso programa de reparto social, se mantiene otro atractivo que amplíe la cola de los aportantes, con mayores satisfacciones y ventajas personales y económicas, el equilibrio financiero se mantendrá.

Lo que es importante es que, los que asuman la dirección económica, sepan cómo funciona la economía y cuenten con experiencia y solvencia acreditadas, únicas bases para confeccionar un plan creíble para los que dirigen la actividad empresarial, que son los que determinan el empleo y la inversión y de los acreedores que deciden la aprobación de los préstamos y su tipo de interés, que son difíciles de embaucar con medidas electoralistas e improductivas. Un programa económico poco solvente hará que, con la subida del tipo de interés del endeudamiento, quede anulado todo el esfuerzo fiscal de los contribuyentes y del sector público.

Si se quiere que los servicios sociales no acaben desatendidos y solucionar el problema del paro y los graves problemas sociales que genera, no hay otro remedio que aplicar una política de expansión del sector productivo con una serie de medidas de promoción empresarial, concentrando los recursos financieros y los incentivos fiscales y legales en este sector y en especial,  en las pequeñas y medianas empresas.

 Un país que tiene una alta tasa de paro y quieren sus dirigentes resolverlo, han de revisar su normativa empresarial ,pues es en su falta de atractivo, donde encontraremos las razones del fracaso en la generación de nuevas vocaciones empresariales.

También es fundamental que la política económica se centre en la promoción de la producción nacional competitiva. Como no es lógico que pueda competir en la misma gama de productos con los países avanzados tecnológicamente ni en los de menor coste laboral, ha de especializarse en los productos y servicios en los que tradicionalmente han venido trabajando y que tienen éxito en los mercados tradicionales

 La política  contraria, aunque los dirigentes políticos y los medios dependientes la presenten como avanzada, no lleva más que a la regresión, a la pobreza y a la frustración, aunque siempre encontrarán una base social ingenua a la que  convencer de que la crisis es un fenómeno de procedencia exterior sin que nada que tenga que ver con la mala gestión interna y que próximamente se saldrá de la sima. Truco empleado con éxito, durante años, por dirigentes de países que han acabado en la ruina por su tozudez en no reconvertir sus principios ideológicos  en materia económica.

 Esto sucedió en países en que el sector político menospreció la importancia de la economía y la competitividad de su sector productivo como base del progreso de los pueblos .Y todavía peor, los que llegaron a considerar a los empresarios como una clase hostil. En el momento que asumieron la gobernación convirtieron el sistema legal en un marco contrario a los emprendedores económicos, castigándoles con cada vez problemas legales, mayores exacciones fiscales y trabas a su función, con menores y más caros recursos financieros y hasta les privaron de una consideración social adecuada a su función.

De esta manera el tejido empresarial fue reduciéndose y envejeciéndose, pues los empresarios no tuvieron ni continuadores ni imitadores. Hasta los hijos de los empresarios que tenían que recoger el testigo prefirieron engrosar un sector público cada vez más expansivo que continuar con las empresas familiares en medio de una atmósfera tan desagradable y tan poco rentable.

Mientras tanto, la cola de los receptores crecía sin parar. Los que tenían derechos adquiridos vieron con preocupación que una oleada enorme ponía en peligro su futuro.

En primer lugar, porque la liquidación de las empresas y la reducción de plantillas, transformaba a los trabajadores y empleadores, de aportantes en beneficiarios del sistema.

A ellos se unían los que veían más interesante integrarse en esta cola que en la de aportantes, porque es una tendencia de la naturaleza humana desplazarse a los puestos de menor esfuerzo en relación a la remuneración y la gran cantidad de amigos interesados del mundo de la información, de la cultura y hasta de la economía, con asientos preferentes en el banquete de recursos públicos.

Ello iba bien a los políticos de la distribución, con una visión cortoplacista, utilitaria y egoísta de la gestión pública  que veían a estos últimos beneficiarios, más los que habían accedido dentro del sector público, sin selección profesional y sólo con el mérito de su afiliación política, un voto fiel y una garantía para su reelección.

Pero el panorama cambiaría radicalmente cuando las cantidades que se ingresaban comenzaron a ser insuficientes para hacer frente a todos los gastos sociales y no tenían más remedio que reducir las prestaciones sociales comprometidas.

Así pues, es lógico que entraran en crisis los países con una organización económica basada en la política distributiva sin relación con la producción nacional y de la que intentan salir recomponiendo este equilibrio, porque los fondos no podían alimentar la enorme estructura burocrática del Estado y los crecientes gastos sociales .Eso sí, utilizando sus responsables políticos, que en esto son expertos, técnicas de distracción social sobre el origen de la crisis y creativos juegos de palabras sobre sus soluciones y procurando que en el circo no falten nunca temas para entretener y/o aplacar la ira popular, con el objeto de evitar que los electores les envíen a la cola de lo único que realmente les preocupa, su propio paro.  

 

VILAFRANCA DEL PENEDÉS 12 DE SEPTIEMBRE DE 2.011

DANIEL IBORRA FORT

ANALISTA DE INVERSIONES Y NOTARIO

 

 

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